Los nazis en Rincón de Bonete

Represa Rincón del Bonete - Los nazis en Rincón de Bonete

La represa del Rincón del Bonete, comenzó a construirse por técnicos y personal germano, en momentos en los que se vivía el pleno auge y expansión del nascismo. De hecho el acto la colocación de la piedra fundamental de la obra en 1937 contó con un telegrama de saludo del propio Adolph Hitler, a la sazón canciller del gobierno alemán. Por tanto era para todos conocidos la presencia allí de miembros Partido Nacional Socialista. Lo que no se conocía, o se sabía a medias eran sus actividades partidarias, y que fuesen partícipes de una presunta conspiración para adueñarse del Uruguay.

Los "Stutzpunkt" o "Puntos de apoyo"

La quinta columna nazi en el Uruguay, se estableció en "Stutzpunkts" o "Puntos de apoyo", todos organizados de forma similar: un Jefe Local del Stutzpunkt; un Jefe de Propaganda encargado de las películas, radio, cultura y prensa; un Director de la Oficina de Instrucción; un Jefe de Células; un Jefe de la Organización de Mujeres; y un Jefe de la Organización de Beneficencia. Todos los Jefes Locales dependían directamente del "Gauleiter" (pequeño Fuhrer) que en Uruguay era Julius Dalldorf, funcionario diplomático germano quien se desempeñaba como secretario de prensa de la embajada.

Entrenamiento de juventudes nazis en Uruguay (del libro 'Alta traición en el Uruguay, T. G. Brena y J. V. Iturbide, 1940) De hecho, Dalldorf se desepeñaba como "Gauleiter" desde que le fuera encargada la fundación del Partido Nacional Socialista del Uruguay 1931. Aunque sin mayores adherentes, los nazis uruguayos son beneficiados durante la dictadura de Gabriel Terra, quien rompe relaciones diplomáticas con la Unión Soviética en 1935 y reconoce a la España de Francisco Franco en 1936.

Los GAU eran divisiones políticas por regiones en Alemania, para su control político por parte del NSDAP (Partido Nacional Socialista de Alemania). El “Auslandsorganisation der NSDAP” era el GAU exterior, a cargo de Ernst Wilhelm Bohle y bajo órdenes directas de Rudolf Hess, Jefe del Partido en Alemania desde 1933.

Una investigación parlamentaria realizada en 1942 al ser detectado un presunto plan nazi para conquistar en Uruguay, sacaba a luz, cosas que como se dijo anteriormente eran bastante conocidas. Pocas eran las novedades que arrojaría y casi todo correspondía a la denuncia que hiciera en su momento el semanario Marcha, salvo con algunas adendas. Por ejemplo los "Stützpunkt" no eran tres sino cuatro: En Montevideo, la escuela en barrio Peñarol (Jefe: Federico Rotz); Paysandú (Jefe: Dutine); Río Negro en Rincón del Bonete (Jefe: Schmidtlein) y en Salto comandada por Arnulf Fuhrmann.

El "Stutzpunkt" de Rincón del Bonete

Filme propagandístico nazi: 'SA-Mann Brand' (1933) Max Schmidtlein, ingeniero en las obras del río Negro, en Rincón del Bonete, era miembro de los "Cascos de Acero", organización del NSDAP de veteranos que por entonces estaba subordinada a la SA ("Sturmabteilung", grupo de milicia del partido también conocidos como "camisas pardas"). Él estaba a cargo de las actividades del Partido Nacional Socialista en Rincón del Bonete, donde veinticinco ingenieros y técnicos alemanes, empleados en las obras, eran afiliados del Partido.

En la investigación parlamentaria antes mencionada se comprobó la existencia de actividad nazi en la localidad, tras el hallazgo de películas de propaganda en el comedor del obrador y hasta una fotografía de Hitler en la cantina.

Marcha, además acotaba que... "los nazis (en Rincón del Bonete) exigen públicamente el uso de la camisa parda en las reuniones que celebran todos los meses".

Escuela "bilingüe" y "binacional"

Hitler y Varela (del libro 'Alta traición en el Uruguay, T. G. Brena y J. V. Iturbide, 1940) En 1937 comienza a funcionar la escuela rural N° 56 de Rincón del Bonete, donde flamearían la bandera de Uruguay junto con la bandera nazi. Hay que señalar que por entonces el pabellón con la esvástica que inicialmente identificó al Partido Nacional Socialista, había sido adoptado como oficial del Estado alemán.

La antes mencionada escuela, en la mañana funcionaba en idioma alemán con unos treinta y cinco alumnos que eran hijos de técnicos alemanes. Y por la tarde lo hacía en idioma español con los hijos de técnicos, capataces y obreros uruguayos.

Bandera nazi flameando frente a escuela uruguaya (del libro 'Alta traición en el Uruguay, T. G. Brena y J. V. Iturbide, 1940) Tras la investigación senaturial por la actividad nazi en el país, y luego que el 25 de enero de 1942 Uruguay rompiera la relaciones con Alemania, Japón e Italia, en medio de la Segunda Guerra Mundial, la escuela alemana deja de funcionar, y los técnicos alemanes y sus familias serían repatriados, excepto un único ciudadano alemán, el Sr. Walter Franz, quien permaneció como piloto y capitán del remolcador Don Pancho que prestara servicios en la continuación de la obra.

Textos y contextos

El presunto complot nazi en Uruguay


El 18 de junio de 1940, el diario montevideano "El País" es su página editorial informaba que: "La investigación de la Cámara ha desbaratado un vasto plan del nazismo para apoderarse del Uruguay".

Según la nota, el agregado de prensa de la embajada alemana, Julius Dalldorf, que a su vez era el fundador y director de la sección uruguaya del Partido Nazi, estaba implicado en un complot para conquistar el país, complot que a su vez estaría digitado desde Alemania: "se encontraron muchos puntos de contacto entre la acción externa del Partido Nazi, y la organización que dentro del mayor misterio iba desenvolviendo una acción tendiente a preparar un zarpazo a nuestra soberanía".

Alineación de 'tropas de asalto' en la residencia diplomática de Julius Dalldorf (del libro 'Alta traición en el Uruguay, T. G. Brena y J. V. Iturbide, 1940) La investigación llevada a cabo por el Parlamento, parece haber sido suficiente para poner coto a los siniestros planes nazis. Una decena de implicados fueron arrestados, y se incautaron más de dos mil documentos. Según "El País", los conspiradores tenían unos planes que no dejaban muy bien parados al Ejército y las instituciones locales: "El putch (golpe de Estado) para Uruguay iba a ser, según la organización, de ejecución sumamente rápida. Se preveía que la ocupación de todo el territorio y sus zonas de i mportancia, no llevaría más de un par de horas, y se descontaba que ninguna fuerza haría resistencia".

Entre los detenidos, los principales acusados eran Julio Hotzer ("Comandante de las tropas de asalto"), Otto Kleing ("Encargado de la toma de las zonas industriales"), Rudolf Patz ("Jefe de la quinta columna"), los señores Konas y R. Meissner ("instructores de las tropas de asalto") y el "Jefe Supremo", un tal Asmuel Fushman (en realidad se llamaba Arnulf Fuhrmann).

Los medios por los que esta gente esperaba conquistar Uruguay no quedan nada claros. Al capturarlos se requisaron seis ametralladoras livianas, que no alcanzaban ni siquiera para armar a los conjurados principales. Con total sinceridad, El País aclara que "se ha hablado exageradamente de numerosas armas halladas en allanamientos". Al parecer, el plan confiaba demasiado en que "ninguna fuerza haría resistencia", o los implicados tenían una confianza exagerada en sus dotes militares.

Incluso las tareas de inteligencia realizadas por el grupo no parecen haber estado muy bien realizadas. Según el vespertino "El Plata", "un detalle honroso: en uno de los documentos sorprendidos, se recomienda ocuparse de obtener la cooperación de la prensa, pero se agrega que con "El País", "El Plata" y "El Día" no hay nada que hacer, pues son... judíos".

En todo caso, la sombra del complot nazi surgía en un ambiente de paranoia y convulsión internacional como nunca antes se había visto, y el uso masivo de espías y propagandistas de "quinta columna" era una táctica mundial, no sólo limitada a las zonas de conflicto. El mismo día en que El País cuenta el desbaratamiento del siniestro complot, informa que otra quinta columna alemana está encargada de tensar las relaciones entre Argentina y Chile fomentando roces diplomáticos por la situación, de las islas del canal de Beagle.

En el centro de todo el asunto se encuentra un curioso sujeto llamado Arnulf Fuhrmann, el "Jefe Supremo", cuya historia recoge el historiador Raúl Jacob en su libro "Brevísima historia del Partido Ruralista".

Arnulf Fuhrmann (del libro 'Alta traición en el Uruguay, T. G. Brena y J. V. Iturbide, 1940) Según la investigación de Jacob, Fuhrmann fue un alemán que a fines de la Primera Guerra Mundial se instaló en Salto, dedicándose a la agricultura y la fotografía. En febrero de 1937 fue contratado por el diario salteño "La Campaña", órgano de prensa del Partido Ruralista, como administrador, y en marzo fue designado director. Según ese diario, era "una persona con grandes vinculaciones con el comercio". Según otro diario, "Ahora", se trataba de un "veterano periodista alemán".

Fuhrmann se mostró sumamente enérgico en la administración del diario, llevando el número de páginas de ocho a diez, consiguiendo más avisos y creando nuevas secciones. Al mismo tiempo comenzó una amplia actividad social, oficialmente como representante del diario, pero en realidad con una agenda un poco más amplia. En marzo de 1937 la colonia alemana en Salto funda el Centro Cultural Germano-Uruguayo, del que Fuhrmann fue elegido presidente. En mayo participó de la conmemoración del primer aniversario de la proclamación del Imperio Italiano por parte de Mussolini.

No es que en la época fuera ilegal o estuviera mal visto ser simpatizante nazi (o fascista italiano). Los residentes alemanes estaban autorizados por el Ministerio del Interior a celebrar el cumpleaños de Hitler (el 20 de abril) y a izar la bandera alemana ese día. Los italianos podían hacer lo mismo en varias fechas, incluyendo el 23 de marzo, aniversario de la fundación del fascismo.

Pero el activismo político de Fuhrmann resultaba incómodo (a pesar de que, dice Jacob, al parecer no era el único miembro del Partido Ruralista con simpatías pro nazis), y en julio de 1937 se le anunció que dejaba de ser redactor responsable de "La Campaña". Dejó su cargo de administrador, alejándose, según informó el diario, "con motivo de dedicar sus energías a otras actividades".

Fuhrmann estaba casado con la propietaria de una casa de fotografía en Salto, Foto Clave, que vendía productos Agfa (alemanes, obvio). Una vez desvinculado de "La Campaña", Fuhrmann se dedicó en exclusivo a la fotografía, y al activismo nazi. En 1939 se lo señala como miembro de un grupo de simpatizantes nacionalsocialistas que militaban en Salto y Concordia. Fuhrmann distribuye panfletos de propaganda nazi y antisemita, y Salto se vuelve un punto de entrada de material propagandístico.

Mientras tanto Hitler avanza por Europa, y el pánico recorre el mundo. Como Belgica y los Países Bajos, Uruguay sería un estupendo trampolín para invadir Argentina y Brasil. La prensa comienza una campaña de advertencia sobre el peligro alemán, y en Salto el diario "Tribuna Salteña" titula que "Es necesario arrojar del territorio uruguayo a los agentes del nazismo..." y que "... Salto es escenario de una intensa actividad nazi".

En Montevideo, los diarios se llenan de advertencias sobre el complot nazi, cada vez más alarmistas y dramáticas. Cuando el diputado Cardozo logra que se ponga en marcha una investigación policial sobre el tema, "El País" se muestra escéptico sobre los posibles r esultados, porque "El instituto policial cuenta en sus secciones con numerosos partidarios acérrimos del nazismo".

El 1º de junio de 1940 se allana Foto Clave, y la casa particular de Fuhrmann. A los pocos días el alemán es detenido y enviado a Montevideo. El hecho tiene diferentes ecos según dónde se publique la noticia. Para "Tribuna Salteña", que se resistía a tomarlo en serio, Fuhrmann es "el más charlatan de los agitadores nazis locales", y "un megáfono ambulante de propaganda de las ideas del nazismo".

Para "El País", en cambio, es ni más ni menos que "el jefe supremo del vasto movimiento nazi que se realizaría en el territorio sudamericano".

No obstante Fuhrmann fue liberado a las dos semanas de su captura, y regresó a Salto, "campo propicio de sus tremendas aventuras imaginativas, encanto de desocupados y deleite de ociosos", según "Tribuna Salteña".

Fuentes británicas citadas por Jacob indican que la Suprema Corte liberó a Fuhrmann y a los otros detenidos por un pedido extraoficial del presidente Baldomir, fundamentado en razones de Estado. Jacob sospecha que se trató de un intento por no alterar las ya po si difíciles relaciones de Uruguay con la Alemania nazi.

La investigación sobre Fuhrmann y sus secuaces


Entretanto la comisión investigadora parlamentaria terminó su investigación sobre el supuesto plan nazi de conquista, y su presidente, el Dr. Tomás Brena, se encargó de presentar sus conclusiones en el Parlamento, el 24 de junio de 1941.

Entre los papeles de Fuhrmann se encontró un plan para apoderarse de Uruguay que, según el Jefe del Estado Mayor del Ejército, el coronel Sicco, parecía "lógico".

El plan de Fuhrmann, según fue transcripto en "El País" el 20 de junio de 1940, estipulaba que "toda la llamada acción militar estará terminada dentro de 15 días. La distribución de las tropas de ocupación será la siguiente: dos regimientos con artillería y caballería en Montevideo, dos compañías en Colonia así como en Fray Bentos, Paysandú etc. Un batallón en Salto, lo mismo en Bella Unión, dos compañías en Artigas, dos en Rivera y un batallón en Yaguarón". Si al momento de su detención los conjurados apenas tenían seis ametralladoras, cabe suponer que hasta que consiguieran armas para toda esa tropa, el peligro de invasión no era, en caso de ser real, inminente.

El complot de Fuhrmann, a continuación, se pone más siniestro: "De entre los dos o tres millones del país, habría que eliminar enseguida a todos los judíos o caudillos políticos (francmasones)". Cumplida esta formalidad, "entonces, de inmediato, encauzar la organización del país como colonia alemana de campesinos".

En agosto Fuhrmann fue detenido en Concordia y llevado a Buenos Aires para que diera explicaciones sobre otro plan de conquista, esta vez de la Patagonia. "Tribuna Salteña" decidió matizar su opinión irrespetuosa sobre el acusado, aclarando que para algunos era "un agitador político de agallas", y para otros "un angelito, un megalómano inofensivo y pintoresco, conquistador de guayanas imaginarias".

En Argentina no se encontraron motivos dejarlo detenido. Se le investigó incapaz de apropiarse de la Patagonia a mano limpia, y se lo devolvió a Uruguay, donde en septiembre marchó preso de nuevo.

Fuhrmann fue defendido por el abogado Carlos Frick Davie, que argumentó que el plan por el que se lo acusaba no era en serio, sino un divertimento de momento de ocio.

En realidad, el plan siniestro estaba escrito a lapiz en la parte de atrás de dos formularios. Frick pidió la excarcelación del acusado. Pero en Europa l a aviación alemana bombardeaba las ciudades inglesas. El fiscal del caso, el doctor Mautone, negó el pedido.

La Cancillería alemana trató de presionar en el caso. Su embajador fue llamado a Berlín en señal de protesta. Pero Fuhrmann y los demás conspiradores siguieron presos. Finalmente, el 4 de febrero de 1944, se dictó sentencia (el proceso se había iniciado el 20 de septiembre de 1940). De todos los complotadores, Fuhrmann fue el que recibió el castigo mayor, 13 años de prisión.

En noviembre de 1946, con motivo de la visita anual de cárceles, Fuhrmann y otros dos condenados por la conjura nazi fueron liberados, y desaparecieron de la historia.

La investigación del Parlamento sobre los nazis en el Rincón del Bonete


Portada del libro ('Alta traición en el Uruguay, T. G. Brena y J. V. Iturbide, 1940) Como se mencionó anteriormente por el Decreto-Ley nº 10.214 se creó una tal "Comisión Investigadora de Actividades antinacionales" que tenía como objetivo la investigación parlamentaria de las actividades de los nazis en nuestro país.

Comisión ésta que presidía el Dr. Tomás Brena, coautor con Dr. J. V. Iturbide del libro "Alta traición en el Uruguay" publicado en 1940 que recoge varios aspectos de la investigacion.
En especial se refiere en un capítulo completo, acerca de "las actividades en el Rincón del Bonete" resumiendo pormenorizadamente las mismas, en los siguientes términos.
    Entramos ahora a las actividades del Rincón del Bonete, y aquí nos encontramos con tres personajes que son: Schmidtlein, el Jefe, integrante de los cascos de acero; Aulauf, que pertenece a la Asociación de Colonias del Reich, asociación de ex combatientes, llamado en alguna parte en forma que no hemos podido aclarar, "el hombre de las comunicaciones", y Kauffman, socio del partido, que del punto de vista político tiene menos importancia. Las actividades son: a) políticas; b) culturales-políticas, cine, radio, prensa, y c) la ayuda de invierno.

    Daremos algunos informes sobre la actuación del ingeniero Odd, ya que las investigaciones de la Cámara, si bien sirven para averiguar las actividades de los nazis, también deben servir como parece, y le ha parecido a la Comisión, para separar la fantasía de la realidad en cuanto se atribuye actividades nazis a personas que después resultan insospechables. Hay un informe del Jefe de Investigaciones, señor Casas, y por último, unas conclusiones. Esto es el esquema de lo que vamos a referir sobre el Rincón del Bonete.

    Ya hemos visto en un documento de Becker el estudio de las posibilidades de acción en el Rincón del Bonete. La Comisión Investigadora interrogó a los principales dirigentes de la organización política nacional socialista en dicho lugar durante los allanamientos y les negaron la propaganda activa. El trabajo técnico no les dejaba tiempo para otra clase de actividades. Sin embargo, en las películas que se encontraron en la casa del ingeniero Anlauf se revelan algunos actos de carácter político realizados con la intervención del Embajador alemán y del agregado a la Embajada, señor Dalldorf, Jefe del nacional socialismo en el país.

    Se había afirmado que el Jefe de la organización del Rincón del Bonete, era el ingeniero Schmidtlein. En la carpeta de Schmidtlein luce un estudio sobre la organización del partido para el extranjero, tomado de una carta.

    Estas diversas secciones de la Organización de Luchadores del Frente Nacional Socialista Alemán, actúan, pues, con un sentido claramente militar en la república hermana. Los dos países, unidos por tantas tradiciones y tantos vínculos espirituales, se encuentran igualmente amenazados por estas organizaciones políticas que no tienen otra finalidad que la de enajenar la soberanía de los dos grandes puertos del comercio americano.

    La organización de los Cascos de Acero está estructurada sobre una obediencia ciega, obediencia estricta, dice el documento 70-775, al Führer y a los dirigentes de la agrupación, al punto de que nadie puede salir de ella sin estar autorizado para retirarse, por el supremo dirigente de la agrupación.

    En un documento estrictamente secreto, el 70-776, para el distrito Argentina, el dirigente del Gau, Bohle, Jefe de la Oficina para el Extranjero, dice haber informado al representante del Führer sobre esta organización, aconsejando cuando llegue la contestación del representante del Führer, poner a los Cascos de Acero bajo las órdenes del Partido Nacional Socialista y trabajar en todos los asuntos, de acuerdo con él.

    En uno de los documentos del ingeniero Schmidtlein, R. R. 108, figura un carnet de la Asociación de Soldados Alemanes Nacional Socialista que le pertenece al mismo Schmidtlein, del Círculo Argentina, grupo Montevideo.

    El ingeniero Arturo Anlauf confiesa que Schmidtlein, él mismo y otros pertenecen al Partido Nacional Socialista; que, de vez en cuando, se hace alguna conferencia con discursos culturales, de costumbres y que, en general, se trata siempre de alemanes, pasándose películas, algunas de ellas, en el comedor de la Rione. Las películas se reciben de Montevideo, son culturales y comunes, con noticiarios que, según él, son los que se ven en Montevideo, con la diferencia de que ellos los exhiben muy tarde.

    Dice que las películas no puede decir quién las envía. Puede ser que sea Dalldorf, pero que es mejor que se le pregunte a Schmidtlein. Dice que Schmidtlein es el jefe de la sucursal del Partido Nacional Socialista.

    Se le preguntó sobre las censuras de las películas y manifestó que eso seria necesario preguntárselo a Schmidtlein. Preguntado en qué consistía la organización Nacional Socialista, contestó que es muy difícil de explicar aquí, en un ambiente donde la vida es nueva y donde la conciencia es nueva, pero que hay una organización con jefes y hay distritos.

    Preguntado sobre la finalidad de la organización en el Uruguay, manifestó que era darle a los alemanes, en lo posible, la cultura alemana.

    Preguntado sobre quién envía los diarios y folletos de propaganda desde Montevideo, dijo que no sabía, por ser una organización que no conoce.

    Preguntado sobre quiénes pueden entrar en la organización nazi, contestó que los uruguayos no podían hacerlo, ni los alemanes que tuvieran carta de ciudadanía. El señor Anlauf es miembro de la Asociación de las Colonias del Reich, y está documentado un carnet en el que figura la cuota pagada por él a dicha Asociación.

    Es un miembro de la Asociación de Ex combatientes Alemanes pertenecientes al Partido Nacional Socialista.

    En uno de los números del "Deutsche Wacht" encontrado en la casa de Anlauf, hay un artículo en el que se dice: "¿Será posible que este hombre crea de verdad en una invasión de América por Alemania?" (Se refiere a Roosevelt) "Solamente un loco puede pensar una cosa como ésta. La lucha de la Alemania Nacional Socialista contra las potencias occidentales es una lucha entre dos ideologías, y Estados Unidos es también una democracia".

    En una parte en que Anlauf figura entre varios camaradas residentes en Montevideo, se le llama "el hombre de las comunicaciones".

    Anlauf le escribe a Julio Holzer, Führer dirigente de la agrupación local del Partido Nacional Socialista en Montevideo, expresándole que, de acuerdo con la orden del Ministro del Reich, Goebbels, por la que todas las agrupaciones locales de común acuerdo con los embajadores en el extranjero, deben realizar propaganda y organización de la ayuda de invierno, y como en el Uruguay no se ha iniciado todavía una colecta oficial, él particular-mente, ha empezado a efectuada entre los empleados y obreros de la Siemens-Bauunion, entre la Siemens Halkers y el resultado qué bueno, "especialmente en el sentido de que ningún empleado y obrero que trabaje allí, se ha negado a participar en esa colecta"

    Vé como un síntoma bueno el hecho de que todos nuestros obreros, "aún los más modestos y los mismos obreros uruguayos, libremente, hayan contribuido sin que se les haya hecho presión".

    Es natural que los obreros y empleados uruguayos no negaran esta ayuda, ya que la negativa podría entrañar hasta el despido por modo directo o indirecto, y a pesar de que el ingeniero Anlauf, dice que no se ha hecho presión de ninguna clase, el simple hecho de que un ingeniero jefe pida la contribución de un obrero o empleado, teniendo él poder administrativo jerárquico para el despido, configura una presión bien definida.

    En síntesis, el ingeniero Anlauf es miembro del Partido Nacional Socialista, hace colectas para servir a su patria incluyendo a los obreros uruguayos, confiesa la realización de asambleas de carácter político, admite la exhibición de películas en el comedor de la Rione y está él también en comunicación con el entonces jefe de la agrupación local señor Holzer.

    Acto nazi ('Alta traición en el Uruguay, T. G. Brena y J. V. Iturbide, 1940) En esta visita al Rincón del Bonete, la Comisión comprobó que no existe una sola arma de fuego en ninguna de las casas allanadas, ni siquiera el modesto revolver de uso familiar, cuando se está lejos de la ciudad, de los medios rápidos de defensa, y cuando se teme, como se temió ha poco, un ataque del pueblo de Paso de los Toros.

    Anlauf tiene dos hijos, los únicos que en la Escuela Alemana conocían bastante bien los hechos y fechas de nuestra historia y que demuestran un cierto acriollamiento, constantemente elogiado por su padre. De esto hay testimonio en dos rollos de películas especialmente en una tomada en la casa de Anlauf.

    Por último, entre los dirigentes, el ingeniero Kaufmann, en la declaración ante la Comisión investigadora, confiesa pertenecer al Partido Nacional Socialista; recibir diarios; que el segundo jefe del Partido (en Rincón del Bonete) es el señor Testorf, esposo de la maestra de la escuela. Tiene dos hijos uruguayos, una chica de cinco años, Giselda, que se confiesa ingenuamente alemana.

    El padre manifestó que por la ley uruguaya son uruguayos, pero por la ley alemana son alemanes.

    Confesó asistir a reuniones políticas y haber exhibido películas de cine en el comedor de la Rione; la existencia de veinticinco socios del partido en el Rincón del Bonete.

    En un documento, 70467, el señor Kaufmann, en carta de noviembre 1931, emite un juicio sobre el Uruguay, que no es desde luego comparable a los de Fuhrmann, pero que demuestra el bajo concepto que tiene de nuestra conciencia nacional. Dice que los uruguayos, después de luchar por su independencia, tienen con-ciencia de su nacionalismo, "que nos parece a nosotros, los alemanes, que tenemos un desarrollo de la cultura y de la historia, a veces muy ridículo". Y dice: "Los alemanes tenemos gran parte en el desarrollo de este país. Desgraciadamente, —agrega— en este país hemos retrocedido como consecuencia de la guerra. Después de la guerra, ganamos otra vez nuestro lugar y ahora dominan en muchos órdenes de la actividad, las empresas alemanas..."

    Refiriéndose a la burocracia, expresa: "Hay mucha corrupción y la protección está a la orden y está en los puestos más altos".

    En este documento resalta el orgullo alemán por su cultura y por su historia y el desprecio, aunque naturalmente atenuado, por nuestra cultura.

    No se puede negar, sin embargo, la exactitud de esta reflexión suya: "¿Hasta qué punto el Banco de la República puede gastar tanto dinero?" (se refiere a lo invertido en su edificio) "Yo no lo sé, pero me parece que ellos pudieron gastar ese dinero en cosas más útiles".

    En el Rincón del Bonete, — según documentos que se nos han hecho llegar por funcionarios competentes— circulaban algunos volantes, cuyo final era el siguiente: "Alemania lucha por la reparación de una injusticia; los otros por la conservación de la misma". Los informes de estas actividades fueron elevados por la Rione a la Comisión investigadora sobre actividades nazis.

    Se nos afirma que a raíz del nombramiento de la Comisión investigadora, esa propaganda cesó.

La otra visión del mismo tema


Caricatura humorística de Herrera por Julio E. Suárez (Peloduro) En 1999 se editó el libro "El año del León. 1940: Herrera, las bases norteamericanas y el complot nazi" publicado por el nacionalista Antonio Mercader (funcionario y Ministro de Educación y Cultura durante el gobierno Luis Alberto Lacalle, nieto del legendario caudillo blanco Luis Alberto de Herrera).

Mercader, con clara y no oculta intención de reivindicar la figura de de Herrera (tildado siempre de profascista) lanza la hipótesis de que el complot nazi no existió, si no que fue una invención de la inteligencia británica.

Más allá de que el autor logre en el referido libro sacudir el grueso pasado conservador, antiliberal, antisemita y profascista del líder blanco, Mercader aporta interesantes elementos acerca de aquel período, al tiempo de sustentar otro presunta teoría: el interés de los Estados Unidos de justificándose en el presunto complot germánico, adueñarse de una base militar, naval y aeronáutica en la fernandina Laguna del Sauce.

En efecto, Mercader en base de documentos del Archivo Nacional de Estados Unidos y de fuentes diplomáticas, "rescata" la figura de de Herrera como el más tenaz opositor a la instalación de esas bases militares, impulsadas bajo el pretexto de detener el presunto complot nazi para instalarse en el Uruguay a fin de controlar países sudamericanos y las vías atlánticas.

"León" era el nombre con que los servicios secretos ingleses y norteamericanos identificaban a De Herrera, que Mercader señala fue objeto de una especie de "leyenda negra" de ser pronazi.

El autor del libro destaca que de Herrera, bajo los principios de neutralidad y defensa de la soberanía, se opuso a los propósitos estadounidenses, y el caso uruguayo forzó a Estados Unidos a usar como estrategia que los países americanos "aceptaban construir bases militares, pero retenían su dirección y buena parte de sus derechos soberanos".

La investigación de Mercader revela que militares de los Estados Unidos aconsejaron en 1940 situar en Laguna del Sauce, una base aeronaval con mil hidroaviones para... dominar a la Argentina.

El libro señala que en 1940, cuando la Argentina era gobernada por el presidente conservador Roberto M. Ortiz, una operación de inteligencia de Gran Bretaña para obtener ayuda militar de los Estados Unidos se convirtió en una gigantesca burbuja bélica que tuvo en vilo al gobierno de Uruguay.

Londres le abría indicado al embajador inglés en Montevideo, Eugen Millington Drake que debía poner en movimiento una operación de inteligencia destinada a provocar la mayor conmoción posible en torno al peligro que corría Uruguay de ser invadida por los nazis. El único soporte real de la truculenta historia era la batalla del Río de la Plata, librada por el acorazado alemán Graf Spee a fines de 1939 contra varios barcos de guerra británicos. En base a esta única aunque consistente materia prima iba a articularse una leyenda sobre la amenaza nazi contra el Uruguay que, con inusitada rapidez, envolvería a la agencia norteamericana de inteligencia y a los grandes diarios de los Estados Unidos, todos ellos cautivados por la imaginación del embajador inglés en Montevideo.

Traslado de marinos alemanes muertos en la Batalla del Río de la Plata (diciembre de 1939) El diplomático, por cierto, no estaba solo. La batalla naval en el remoto Atlántico Sur despertó la curiosidad de más de uno. Un periodista avanzó sobre la idea de que los alemanes podían estar buscando dónde establecer una base permanente para sus submarinos en la región y un estratega del Departamento de Estado estadounidense escribió por primera vez en un documento oficial secreto que los alemanes podían apoderarse sucesivamente de Brasil, Uruguay y Argentina.

Mercader llega a la conclusión de que la diplomacia de Londres se inquietó después de motorizar la cuestión del Río de la Plata, cuando advirtió que los Estados Unidos se lanzaban a gestionar una base naval propia en la región. En esos años, los ingleses consideraban al puerto de Montevideo como un enclave vital para el tráfico entre las islas Malvinas y Gran Bretaña que, en un caso extremo, podía servir como refugio alternativo para su flota.

Lo que Londres realmente deseaba era capitalizar estratégicamente a las Malvinas y después de resaltar su valor, incorporarlas tal vez a un paquete de bases británicas que Winston Churchill ofrecía a los Estados Unidos en trueque por barcos de guerra estadounidenses.

Para Mercader la historia de la amenaza nazi al Uruguay había alcanzado vida propia y no sólo se había derramado sobre la opinión pública uruguaya, sino que además había intoxicado directamente al servicio secreto norteamericano. El embajador británico en Washington le expuso personalmente al ministro de Relaciones Exteriores de Roosevelt lo que consideró un problema urgente: los nazis estaban a un paso de invadir al Uruguay para apoderarse posteriormente de Brasil y la Argentina.

Mapa apócrifo realizado por la inteligencia británica acerca del reparto nazi en América Latina El estado del complot nazi era dramático, según el embajador, aunque no podía ocultarse que también invitaba a sonreír. El grueso del ejército nazi que se disponía a invadir el territorio uruguayo eran 200 mil italianos residentes en el país, sobre los cuales se agregaba que "en su mayoría son fascistas preparados para plegarse a los nazis". No solamente los italianos: también se contabilizaban 16 mil alemanes y una retaguardia de 250 japoneses.

La fabricación de la amenaza nazi al Uruguay había sido una producción de la agencia de publicidad J. Walter Thompson, que en sus oficinas de Londres condimentó las estadísticas ordinarias del Uruguay de manera tal que convirtió en legiones fascistas a pacíficos inmigrantes italianos.

La ignorancia sobre América del Sur predominaba no solamente en los papeles confeccionados a los apurones. Tampoco los hombres de gobierno distinguían muy bien a qué se referían y el secretario de Estado Cordell Hull, por ejemplo, pasó mucho tiempo diciendo "Paraguay" cada vez que comentaba la situación del Uruguay. En el primer documento reservado sobre el complot, elaborado por una desorientada agencia de inteligencia de Estados Unidos, sobre cinco espías nazis señalados por sus nombres, cuatro resultaron ser democráticos comerciantes judíos nacidos en Alemania, una equivocación que causó irritación en Montevideo.

Mapa aparecido en el libro de 'pangermanista' Otto Richard Tannenberg 'Gross-Deutschland' (1911) Tampoco es más preciso un manual de operaciones del FBI, editado por J. Edgar Hoover en 1942 especialmente para los agentes destinados al Uruguay. El manual del FBI reproduce un programa para el Río de la Plata que sigue sin definir la identidad de quienes podrían controlar la región militarmente, aunque sostiene que: "una pequeña pero bien organizada fuerza militar en Punta del Este o Montevideo podría controlar la boca y el canal del Río de la Plata y podría bloquear efectivamente todo el comercio a través de los puertos argentinos de Buenos Aires y Rosario (...) especialmente si dispone de una aviación efectiva".

Mercader subraya que el New York Times publicó 50 notas destacadas sobre el Uruguay ese año, una cantidad igual a la que había editado en un período completo de quince años anteriores. Entre ellas, había algunas realmente inquietantes, como las que escribió uno de los periodistas norteamericanos más célebres. "Instalados en territorio uruguayo, con una base en Montevideo o en Punta del Este" -escribió John Gunther- "sería posible que domináramos a la Argentina".

También la United Press, desde sus oficinas centrales, agregó una cuota de preocupación cuando escribió que "un país como Argentina, de 3 millones de kilómetros cuadrados y más de 13 millones de habitantes, tendría sus dos principales puertos dependiendo de una base naval en Punta del Este o en Montevideo".

Presunto documento elaborado por la inteligencia británica Presunto documento elaborado por la inteligencia británica


El corporativismo italiano inspirando gobiernos


Serafino Mazzolini Desde el punto de vista ideológico, el panorama político de los años 30 fue fructífero para el ingreso y el desarrollo en Uruguay de las ideas autoritarias que se desarrollaban en Europa. El fascismo, en sus diferentes versiones –italiano, español o alemán– tuvo en Uruguay sus espacios de expresión, principalmente debido a la admiración que muchos de los gobernantes y su entorno –incluidos Terra y Herrera– expresaban hacia el Duce y su estilo de gobernar.

En este periodo fue cuando la comunidad italiana alcanzó mayor importancia en la sociedad uruguaya,coincidiendo con el ascenso al poder de los ítalouruguayos Gabriel Terra desde y su sucesor Alfredo Baldomir. Terra admiraba abiertamente el fascismo italiano y trataba de imitar algunas características y políticas corportativas.

Además Terra particularmente, había ocupado cargos diplomáticos en Italia antes de ser presidente y luego dictador, cultivando una intensa amistad con Serafino Mazzolini, representante del régimen fascista en Uruguay, que llegado al país en 1932, adquirió tal relevancia en ámbitos gubernamentales que llegó a generar comentarios sobre que el italiano era el verdadero “vicepresidente de la República”. Los adversarios al régimen sostenían que Mazzolini se comportaba como si estuviese en tierra conquistada y efectuando un juego de palabras afirmaban que Terra recibía las órdenes de Mussolini a través de Mazzolini.

Mazzolini era miembro del consejo comunal y provincial en Ancona, cuando participó en la Marcha sobre Roma de 1922. Un año después ingresó al "Partito Nazionale Fascista" (PNF), convirtiéndose en miembro de su directorio y colaborador de su oficina de propaganda, y vicesecretario en 1925. Fue diputado y miembro del "Gran Consiglio" del Fascismo. En 1928 es nombrado Cónsul General de Italia en San Pablo (Brasil), y en 1933 en Montevideo.

El diplomático italiano dijo que Mussolini consideraba a Uruguay como el estado "más italiano" de las Américas, con el cual hacer posibles alianzas políticas y étnico-raciales. Terra obtuvo soportes esconómicos de Mussolini y potenció el comienzo del proceso de industrialización con los medios de las empresas italianas.

El cónsul Serafino Mazzolini, llegó a Montevideo tras ejercer cierta influencia en la fascistización del empresariado italiano en San Pablo. Aquí, desarrolló una intensa acción política tanto en la reconversión de las instituciones italianas de énseñanza como centros de adoctrinamiento fascista, y acción diplomática en pro de evitar la adhesión uruguaya a las sanciones contra Italia a propósito de la campaña italiana en Etiopía.

No obstante, la existencia de un grupo de notables de tradición masónica y liberal en la comunidad italiana de Montevideo no le permitió, como en São Paulo, contar con el apoyo de una élite empresarial. Sus éxitos duraron lo que su presencia en el país, y el limitado grupo de adherentes a los fasci decayó a partir del traslado a su siguiente destino diplomático: Egipto en 1937.

En Montevideo, había un grupo político fascista con 1.200 miembros, 150 voluntarios ítalouruguayos participaron en la conquista italiana de Etiopía en 1936.

El antisemitismo en la década de Terra


Por igual el fascismo, el falangismo y el nazismo tuvieron sus espacios de expresión e incidencia a través de prensa editada por los sectores afines a dichos regímenes dentro de las respectivas colonias italiana, española y alemana en Uruguay, así como importantes espacios en sectores de la prensa nacional, que se dedicaron al elogio permanente de Mussolini, Franco y Hitler, al igual que al combate feroz de los que se dieron en llamar las “ideas disolventes” o directamente el comunismo.

Con esta situación local, y con un contexto continental e internacional que se cerraba a la inmigración tal y como quedará completamente evidenciado por ejemplo, en la Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz de Buenos Aires en diciembre de 1936, o en la Conferencia Internacional de Evián de 1938, admitiéndose internacionalmente el derecho de cada país a recibir solamente el tipo de inmigración que le fuese conveniente, no es de extrañar que en el Uruguay, importantes sectores políticos pretendieran cerrar las puertas a la inmigración, y especialmente a la que ya venía siendo calificada como exótica.

Nadie de pensamiento conservador parecía escaparse a esta idea. Por ejemplo en un llamamiento realizado a "defender la nación", el 24 de junio de 1940, el diario católico "El Bien Público" enumeró todos los males que, a su entender, aquejaban a nuestro país, entre ellos la inmoralidad de ciertas prácticas y la existencia de corrientes políticas "materialistas" que eran obra de los "enemigos de la nacionalidad", considerando en esta categoría de gentes a aquellas personas que:
    no vuelcan toda su personalidad a la armonía nacional y entre ellos hay extranjeros que no son comunistas, ni nazis, que vienen al país a vivir pero no a sentir al país, que nunca lo sentirán que siempre serán elementos negativos y opacos para todo problema vital interno.

Por ello, no resulta extraño que tan temprano como, el 19 de julio de 1932, el Parlamento sanciona la ley n° 8.868, con la que no sólo ponía fin a la ley anterior (nº 2.096 del 19 de junio de 1890) con la que el gobierno había expresado hasta ese momento su interés por fomentar la inmigración, sino que, además de la prohibición casi absoluta del ingreso, otorga potestades al gobierno para expulsar del país a extranjeros ya residentes.

Cuatro años más tarde, el 13 de octubre de 1936, se sancionará una nueva ley (nº 9.604) aún más restrictiva de la inmigración, conocida como la “Ley de Indeseables” debido a la utilización de ese para referirse cierto extranjeros. Los "indeseables" según la ley, eran los extranjeros que se hallasen vinculados a organizaciones sociales o políticas que por medio de la violencia tendieran a destruir las bases fundamentales de la nacionalidad; y a los que no tuvieran una industria, profesión, arte o recursos que les permitiera vivir con sus familiares, por sus propios medios, sin constituir una carga social.

La discusión e la norma se desarrolló durante todo ese año 1936 y hasta el siguiente, ya que no se entenderá cerrada hasta el 23 de noviembre de 1937 en que, en uno de sus últimos actos de gobierno, Terra unificará en un decreto todas las leyes, reglamentos y decretos anteriores referidos al tema inmigratorio.

La prensa nacional discutió esta "Ley de indeseables" enfervorizadamente, principalmente por aquellos que perseguían su aprobación.

"La Tribuna Popular", diario de larga tradición en el país (fundado en 1879 y propiedad de la familia Lapido, vinculada a los sectores más conservadores del Partido Nacional) fue el que encabezó claramente dicha campaña.

Si bien al principio de su prédica no hace distinción de origen, poco a poco se va dirigiendo a la inmigración "no tradicional", a la que calificará como "indeseable" o "exótica" con claro contenido económico, ideológico y xenófobo.

Por ejemplo, el 23 de setiembre de 1937 en la primera página, "La Tribuna Popular" escibía:
    Cada barco que llega trae a su bordo decenas de elementos exóticos que entran tranquilamente al país agudizando un problema que debiera merecer mayor atención a los hombres de gobierno. En el "Oceanía", arribado días pasados, llegaron más de setenta inmigrantes de esa categoría y en el "Alcántara" llegaron otros tantos. ¿Es posible que continúe este estado de cosas? ¿Es admisible que nuestros gobernantes se crucen de brazos ante asunto de tan enorme significación social y racial? ¿Es que estamos peor que en los tiempos del batllismo en que cada inmigrante representaba un sufragante y que por eso tenía libre la entrada al país? Y conste que ya no hacemos cuestión de semitismo o antisemitismo, sino del peligro que representa la entrada de representantes de razas exóticas que no tienen ningún punto de contacto con nuestras costumbres e ideas y que son individuos inadaptables, con el agregado de que su admisión viene a ahondar más aún el problema complejísimo de la desocupación.

En cuanto a los judíos en particular, las persecuciones que sufrían en Europa y la tarea de "salvataje" de distintos organismos y agencias judías, es analizada por el diario el 4 de abril de 1937 como la causante de una virtual "invasión judía" al Uruguay.
    Es un hecho la maniobra semita que hemos denunciado, tendiente a reforzar la ya extensa colonia judía en nuestro medio, con nuevos contingentes hebreos, de los expulsados por Alemania en defensa de la nacionalidad y de su libertad económica y social. Las agencias al servicio de los rabinos utilizan ya todos los medios imaginables para introducir en el país una enorme cantidad de judíos. La más elemental prudencia aconseja extremar las medidas de contralor y vigilancia.

El 3 de mayo de 1937 escribía:
    Es que el problema es que ya tenemos en el país judíos de sobra y que ello plantea un grave problema y atento a que la amenaza de que la colonia semita aumentará con grandes núcleos extraídos de los grupos expulsados de Alemania, cabe la adopción de medidas tendientes a evitar ese aumento a todas luces perjudicial. La invasión judía es un hecho. Agencias expertas en la materia se dedican a la introducción ilícita y clandestina de individuos de la raza indeseable, y si no se pone coto a sus actividades la inundación hebrea nos ahogará.

En el plano económico específicamente, lo que los conservadores entendían como una "competencia desleal" era el mayor problema que ocasionaba esta inmigración exótica, y los judíos en particular, dedicados por aquellos años en un porcentaje importante al ambulantismo, los mayores cultores de dicha práctica. En un extenso artículo publicado el 6 de diciembre de 1936, el articulista decía cosas como estas:
    El ambulantismo, ejercido casi exclusivamente por semitas constituye [...] el principal enemigo del comercio de arraigo y no sólo de él, como se puede comprobar ante el más somero análisis, sino del público en general que se ve defraudado en la casi totalidad de las compras efectuadas a los vendedores ambulantes que de ningún modo pueden garantir la calidad de lo que expenden, máxime, cuando siempre trátase de mercadería cuya procedencia dudosa atenta contra la legitimidad de las mismas. La plaga de “corbateros” y vendedores de toda clase de chucherías, que a precio similar puede adquirirse en los comercios del ramo, con la confianza que impone el comercio patentado, debe desaparecer. A más del perjuicio indiscutido, que reporta la susodicha plaga al comercio de arraigo, hay que comprender que el tal perjuicio se hace extensivo al pueblo y al fisco. [...] Por otra parte como razón de estética si se quiere, resulta de mal gusto dentro de una capital moderna como la nuestra esta expedición callejera de artículos, que solo deben adquirirse en los respectivos comercios. La ciudad adquiere un aspecto de “poblado” para el turista, que no está habituado a tales ventas callejeras, con la profusión con que se efectúan en Montevideo y una opinión poco edificante puede adquirir, al constatar que todos los que efectúan el ambulantismo son judíos que lo ejercen en contraposición con las más elementales costumbres del comercio serio y verdadero. [...] El clandestinismo, otro estado de cosas con una relación directa con el ambulantismo, tiene heterogéneas ramificaciones y ambos propícianse. Al combatir uno con energía se merma y cercena la vitalidad del otro. El clandestinismo comercial y el contrabando, difícilmente entra[n] en connivencia con el comercio de arraigo: los ejecutores de la maniobras clandestinas, son en su mayoría judíos y los encargados de buscar el contacto público, de buscar los “consumidores” de esa mercadería ilícita, no son más que los vendedores ambulantes, plaga que, como se ve, propicia más de una actividad ilegal en el país. [...] Hay en Montevideo mucho judaísmo que sanear, hay mucho que defender dentro de los intereses vitales y morales del país, y las autoridades del pueblo deben hacerlo por el pueblo mismo que los erigió en su cuidadores.

El articulista apelaba también a los arquetipos. Por ejemplo el 8 de julio de 1937 escribió:
    Hay razas inconvenientes por sus características, tendencias, inveterada avaricia, afán de predominio y procedimientos comerciales. Esas son precisamente las razas inconvenientes que no deben hallar francas las fronteras.

Además, para La Tribuna Popular, judaísmo y comunismo conforman un binomio inseparable, que es presentado como un peligro para la paz social, y se llega a afirmar que judíos y comunistas "son todos uno". En uno de los artículos referidos al tema, el 15 de diciembre de 1936 decía muy claramente lo siguiente:
    El comunismo, es dirigido, lisa y llanamente por judíos, luego son los judíos y dentro de estos los más retrógrados, los más disolventes e indeseables, los que practican esta arbitraria doctrina de absoluta ilegalidad. El comunismo es la más fuerte fuerza materialista que se conoce; responde actualmente a la fisonomía moral del mundo porque este hállase desorientado por el desequilibrio financiero en que lo ha sumido el judaísmo. Bajo el aspecto semita, múevese el comunismo con eficacia, tratando de conquistar adeptos bajo el apremio de la necesidad, factor que propician con antelación a base de maniobras judaicas sembrando el descontento, estableciendo clases, usando sutilezas, infiltrándose en el campo sindical, al que antes perjudican arteramente, “liquidando” la mano de obra y salarios. Los gremios se ven manejados, casi exclusivamente por judíos comunistas... La Central comunista, Moscú, ha sido inspirada, organizada y dirigida por judíos. Lo es actualmente y lo seguirá siendo ya que solo el judío puede prestarse a la doble condición de déspota y “cordero”. Hay que desterrar los factores esenciales del comunismo. ¿Y cómo conseguirlo? Pues restando acción al judío comunista, no permitiéndole su infiltración en las masas populares, no propiciando su comercio embaucador y deshonesto... [...] Más vale prevenir que tener que curar y en prevención, es que debemos coartar la acción de los judíos y comunistas en bien de la nación, en bien de la tranquilidad social, en bien de la población que puede ser embaucada, no con la palabra persuasiva y sensata, pero sí, con sutilezas engañadoras, con espejismos mistificantes, en los que judíos y comunistas son artífices consumados.

Tan seriamente es planteada la necesidad de destierro para estos "agentes del comunismo", que el diario no encontrará mejor modo de ejemplificarlo que en su alabanza a la labor que Hitler desarrollaba en Alemania. El 8 de enero de 1937 publicaba:
    Hitler con clara visión de la realidad emprendió una cruzada contra el Judaísmo en su propia patria y lanza a los cuatro vientos su valiente grito de guerra: "Judaísmo y comunismo son la misma cosa. Buscad al judío y hallaréis la explicación de todos los problemas que agitan al mundo." "Sólo existe un problema para el mundo civilizado: el del Judaísmo Internacional!" Este grito del prestigioso jefe alemán, es escuchado por el mundo. La gente empieza a preocuparse seriamente del asunto.

Es a través de este componente ideológico que hace sus incursiones en esta campaña antiinmigratoria el diario herrerista "El Debate", sumando su voz contra la confabulación comunista que según el matutitno intentaba socavar los cimientos ideológicos del país. Enarbolando su defensa de los valores ideológicos que intentaba preservar en el Uruguay rara vez mencionan directamente al judío, aunque resulta fácil descubrir su presencia en artículos como en este ejemplo del 4 de marzo de 1936:
    Implacable debe ser la campaña en contra de los elementos perturbadores. En la sombra y sin escrúpulos tienden sus garras terribles sobre la sociedad. Van infiltrándose en el campo de diversas actividades a fin de socavar los cimientos de nuestras organizaciones. Y son principalmente los elementos extranjeros los empeñados en tan odiosa actividad. Ellos que llegan a estas playas buscando una mayor tranquilidad, un mayor sosiego para asegurar el futuro económico, son los que olvidando la hospitalidad se vuelven contra quienes generosamente abrieron las fronteras. Ellos que ambulaban por el mundo, sin rumbo fijo, sin norte y que encontraron en nosotros una mano tendida en actitud de ayuda son los que ahora, en las tinieblas se unen, para destruir lo hecho en años duros, cruentos sacrificios. Ellos, corridos de sus patrias, turbados por el peso de una conciencia apostrofada en los embates del diario batallar, son los que así proceden contra los hijos de esta tierra pródiga en afectos sinceros. Ellos, que han gozado de todos los derechos y de todas las libertades de la legislación que nos rige jamás debieron confabularse, en masa, contra el país. Pero así les irá.

Siendo el componente ideológico el de mayor importancia para el "El Debate", el de la raza no es un elemento menor, máxime cuando resulta que para dicha publicación, hay una coincidencia plena entre los comunistas y alguna determinada raza que no menciona. Un artículo editorial, del 7 abril de 1936, decía entre otras cosas:
    Sin perderle "pisada", seguimos las actitudes comunistas en el país. Conocemos bien sus procedimientos. (...) sabemos quienes son sus verdaderos jefes. Nos referimos a los responsables de la agitación. (...) Conocemos sus nombres. Sabemos su raza. Por eso desde el panfleto comunista se nos condecora con su odio amenazante. Razón de más para que no descansemos hasta lograr que el país termine con el comunismo.

En cuanto a la prensa opositora cabe destacar la prédica del "El Día". El batllismo alejado completamente del poder tras el golpe de estado, con algunos de sus máximos dirigentes en el exilio o presos sostenía que la escencia del Uruguay era la inmigración. Es así que el 21 de octubre de 1936 en un artículo titulado "Gobernar es poblar" se dicen entre otras cosas: 21 de octubre de 1936.
    Nos sugiere estas reflexiones la propaganda con que los elementos del marzismo han tratado de cohonestar la nueva norma, recientemente impuesta bajo la denominación de "ley de indeseables". (...) Pero, junto con el aspecto puramente ideológico, se vinculan otros de índole más esencialmente económica, como son los que se refieren al problema genérico de la inmigración. Y bien: también en lo que a este punto atañe, las ideas del marzismo imperante son las más absurdas y las más contrarias a las verdaderas conveniencias públicas que puedan concebirse. Ellas se inspiran en un criterio chauvinista y xenófobo, que reproduce el odio al extranjero de pasadas épocas, por ridículo que ese sentimiento resulte en un país cuya conformación étnica es enteramente de origen foráneo, ya que a diferencia de lo que ocurre en otras zonas del continente, ni vestigios quedan en el nuestro de la sangre autóctona.


El caso del "Conte Grande"


Kristallnacht, la noche de los cristales roto (9 y 10 de noviembre de 1938) En Alemania, especialmente luego de desatada el 9 al 10 de noviembre de 1938 la "Kristallnacht" o "Noche de los cristales rotos", muchos judíos que permanecieron esperando un cambio en el gobierno de Hitler que los favoreciera, se dieron cuenta de que algo terrible se avecinaba y decidieron huir por todos los medios posibles. Muchas empresas navieras se aprovechaban de la situación y vendían pasajes de ida y vuelta a los desesperados refugiados. Inescrupulosos funcionarios consulares de varios países americanos dieron visas que sabían que sus gobiernos no aceptarían, ya que existían reglamentos inmigratorios antijudíos recientemente promulgados.

El 13 de enero de 1939 llegó al puerto de Montevideo el buque italiano "Conte Grande", con trescientos refugiados judeoalemanes. La inmensa mayoría de ellos tenían visas al Paraguay, pero a último momento ese país les prohibió la entrada.
El Conte Grande
Desde fines de octubre de 1938 hasta la fecha de llegada del "Conte Grande", ya habían arribado Montevideo cerca de mil doscientas personas de la misma procedencia. Esta avalancha inmigratoria, catalogada como "invasión judía" por la prensa antisemita local, generó polémicas y obstaculizó para la entrada de nuevos inmigrantes.

Estos trescientos pasajeros no tuvieron problemas para quedarse en el Uruguay y el buque volvió a Europa. Pero el 25 de febrero de 1939 retornaría desde el puerto de Génova con otro 233 pasajeros, sesenta y ocho de los cuales tenían problemas de visa, por lo que no fueron admitidos en Montevideo ni en Buenos Aires. La dramática alternativa era conseguir que algún país sudamericano los aceptara o volver a Alemania.

Esto motivó la movilización de instituciones judías nacionales y extranjeras, que asumieron la defensa de los rechazados ante las autoridades uruguayas.

Finalmente, el gobierno de Chile aceptó recibirlos, zarpando de Montevideo con ese destino el 9 de marzo de 1939.

El Cap. Norte El 24 de mayo 1939 arribó al puerto de Montevideo el vapor "Cap. Norte" con veintiseis pasajeros de Europa y con visas legalmente obtenidas del Consulado del Paraguay, para ingresar a ese pais. Las autoridades locales se niegan a aceptarlos en tránsito ya que Paraguay no los admite. Igual suerte corrienron los 78 judíos del "Monte Olivia" que llegaría el 30 de mayo.

El diario montevideano escrito en yídish "Folksblat", del 15 de enero de 1939, publicó un artículo titulado: «Una campaña antisemita de odio contra los inmigrantes judíos».

    La llegada a Montevideo de trescientos judíos en el buque italiano Conte Grande, camino al Paraguay, desató una verdadera tormenta en la mayor parte de la prensa local, como si se tratara de una invasión judía. En esta campaña participaron diarios que hasta ahora eran amistosos hacia los judíos. Afirma que no podrán entrar al Paraguay, ya que su gobierno anuló las visas otorgadas por sus cónsules en Europa después de noviembre de 1938. No podrán volver a sus países de origen<(ul>.

    Su colega "Unzer Fraint" el 17 de enero publica un comunicado:
      Todos los inmigrantes que recibieron visas hasta el 17 de diciembre de 1938 pueden quedarse en Uruguay. Resolución del Gabinete del día de ayer». Diciendo a continuación: «Ayer de mañana se llevó a cabo la sesión especial del Gabinete para tratar la llegada de cientos de inmigrantes de Alemania y Austria que viajan hacia el Paraguay y que deben pasar por Uruguay. Hasta ahora todo estaba bien, los inmigrantes estaban aquí un cierto tiempo y luego viajaban a Paraguay. Pero la semana pasada, cuando llegaron trescientos refugiados judíos, Paraguay reglamentó la entrada permitiendo sólo cien por mes. Esto desató airadas protestas (en Uruguay) de los antisemitas abiertos y ocultos que a través de sus órganos de prensa organizaron un gran tumulto. Se alarmaron, ya que si el Paraguay no deja entrar a los inmigrantes ‘en tránsito’, tendrán que quedarse aquí
    .

    Jacob Botochanski, corresponsal en Montevideo del periódico "Di Presse" de Buenos Aires, en una serie de artículos sucesivos, relató algunas de sus entrevistas con los refugiados del Conte Grande apenas desembarcados en esta capital:

      De los trescientos refugiados que llegaron con el Conte Grande, existen dos grupos de personas, aquellos que estuvieron en los campos de concentración y los que no. Sin embargo, aun los que no estuvieron, lucen nerviosos, sobresaltándolos los mínimos ruidos. El trágicamente famoso 10 de noviembre de 1938 ("Noche de cristal"), en el que el segundo secretario de la embajada alemana en París fue asesinado por E. Grizpan, en los pequeños pueblos se llevaron a todos los judíos a los campos de concentración. En Berlín sólo se llevaron a una parte y los otros se escondieron ya sea con amigos cristianos, en establos, en pozos.

      Los que estuvieron en los campos de concentración se distinguen a una milla de distancia. Cuando se llega ahora a Montevideo, en la calle Maldonado 1130, ubicación del ‘Idische Imigrantz Schutz’, o en la calle Soriano 843, ubicación de la sucursal centro del ‘Idische Bank’, se encuentran constantemente cientos de refugiados. Se reconocen de inmediato a los que estuvieron en los campos de concentración, no tanto por el pelo corto, sino por su nerviosismo, el miedo que se refleja en sus ojos y en algunos un temblor permanente. Muchos miran furtivamente para todos lados, sobre todo los que estuvieron en los campos de Dachau y Sachsenhausen. Da la impresión de que los órganos de estas personas no creen aún que no se los torturará más.

      En una pequeña lechería, no lejos del puerto, se encuentran los más pobres de los refugiados. Los hombres están sentados alrededor de unas mesas, hablan y miran con miedo a cada nuevo visitante. Las mujeres y los niños están en un patio y tratan de alegrarse por el hecho de estar salvados, pero no lo logran. Hablan en alemán pero se quejan en yídish.


    Con fecha 17 de diciembre de 1938 se decretó que las personas que quisieran ingresar al país debían recibir autorización previa del Ministerio de Relaciones Exteriores, en lugar de la de los cónsules, como se hacía anteriormente.

    Esto lo confirma un artículo del 10 de marzo de 1939 del diario "Folksblat" de Montevideo, en el que se dice:

      A 25 judíos se les prohibió desembarcar en Montevideo (...) Con el barco "Cap Arcona" vinieron ayer a Montevideo 25 judíos cuyos pasaportes fueron visados por el Vicecónsul uruguayo en París, Sr. Garrone, el mismo que dio las visas para los 68 pasajeros judíos del Conte Grande
    .

    Refugiados del Saint Louis Desde el 25 de febrero hasta el 9 de marzo, los 68 refugiados indocumentados del Conte Grande pasaron grandes zozobras, ya que pendía sobre sus cabezas la amenaza de deportación hacia Europa. La misma situación dramática que vivieron los judíos del "Saint Louis" (o "barco de los malditos") frente a las costas de Cuba, se repitió en el Río de la Plata.

    Finalmente, es preciso hacer referencia a un profundo artículo publicado por "El Diario Israelita" de Buenos Aires el viernes 10 de marzo, en el que se analizan diversos aspectos sobre las tratativas para salvar a los judíos del Conte Grande, y laa campañas antisemitas que hacían algunos de sus colegas de Montevideo.

      El fortalecido odio de El Diario

      Un par de años atrás, el periódico "El Diario" era amistoso hacia los judíos. Cuando comenzó el hitlerismo, "La Mañana", periódico matutino de la misma empresa, dedicó la mitad de una página a favor de los judíos, con la firma de Pedro Sprimberg.

      También hace dos años El Diario escribió un artículo titulado: ‘Una campaña absurda e injustificada’, contrario a la campaña difamatoria de "La Tribuna Popular" (diario blanco antisemita).

      Pero las cosas han cambiado y actualmente ambos periódicos (semioficialmente del Partido del Gral. Baldomir), sobrepasan en sus manifestaciones antisemíticas a "La Tribuna Popular".

      Algunos días atrás, "El Diario" publicó una carta llena de cinismo firmada por ‘Un judío de ley’: los uruguayos son ‘jugadores de quiniela’, ‘filósofos del fútbol’, ‘haraganes’. Era evidente que había sido escrita por alguien del propio diario. Al día siguiente, el mismo diario publicó una contestación firmada por un ‘Uruguayo alerta’.

      El periódico La Tribuna Popular escribió entonces un artículo en primera página: ‘Para los judíos todos los uruguayos son atorrantes’. Sólo entonces apareció una declaración del Comité Uruguayo contra el Antisemitismo, Racismo y Fascismo, defendiendo a los judíos. Urge que las instituciones judías reaccionen con energía contra el auge del antisemitismo.

      El miércoles por la noche debían embarcarse a la Argentina, para continuar desde allí viaje hacia Chile. Mientras tanto están en el salón del Café ‘Vacaro’, que la Idische Bank puso a su disposición durante los días que debían estar en Montevideo. Si bien la prensa antisemita se despachó contra los judíos, la prensa democrática se mostró cálida con los refugiados.

      El diario El Plata protestó por la vigilancia policial a que fueron sometidos. El matutino El País redactó un artículo titulado: ‘La inmigración judía es un problema de humanidad y no de técnica jurídica’.


    El Cap. Arcona Como epílogo, es preciso aclarar, que 66 de los 68 pasajeros rechazados, llegaron a Buenos Aires el 11 de marzo de 1939, a bordo del Ciudad de Montevideo, con autorización para embarcar en el vapor Asturiano con destino a Chile.


    Con posterioridad a la llegada del Conte Grande, otros buques con refugiados trataron de desembarcarlos en Montevideo y Buenos Aires. La lista de barcos rechazados fue importante y debieron volver a puertos europeos con parte o la totalidad de sus pasajeros de origen judío.

    El Cap. Norte Por ejemplo, el periódico Folksblat, del 25 de mayo de 1939, relata lo sucedido con los pasajeros del Cap Norte:
      El Cap Norte traía 26 pasajeros de Alemania y Checoslovaquia. Habían embarcado en Hamburgo y tenían visas para el Paraguay. Querían desembarcar en Montevideo, para luego tomar un buque que los llevara al Paraguay. No les permitieron desembarcar los funcionarios uruguayos del Ministerio de Relaciones Exteriores, siguiendo un pedido de las autoridades del Paraguay. Irán a Buenos Aires y, si no se les permite desembarcar, volverán a Hamburgo.


    El estudio de los partes consulares del año 1939 nos dice que los rechazados del Cap Norte enviaron un telegrama al Presidente Ortiz de la Argentina desde el barco. Presidencia giró el telegrama a Migraciones tres días después de que el barco había partido con los refugiados a bordo.

    Posteriormente otros buques con refugiados fueron rechazados durante el resto de 1939, 1941 y 1942. Esta actitud, que se repitió en varios países americanos, refleja el desprecio por la vida de estas desgraciadas personas, muchas de las cuales terminaron en los campos de exterminio.


Luis Alberto de Herrera y la Falange española


Revista Relaciones (septiembre de 1999) Extraído del artículo titulado "Uruguay en la era del Fascismo" de Alfredo Alpini en el revista "Relaciones" (nº 184, septiembre de 1999)
    En 1941, Herrera contestaba a una publicación española, por medio de El Debate, que "nuestra fe en la democracia no ha cedido en lo mínimo". El órgano madrileño, recordaba a sus lectores que "Herrera, al igual que las naciones de Europa, ya no tiene fe en los anticuados sistemas políticos que se basan en la opinión popular" (Herrera, L. A. de; "Selección de discursos y escritos periodísticos", Mdeo., Cámara de Representantes, 1998, p.371).

    Los españoles falangistas sabían, o presuponían, que Herrera sentía profundas desconfianzas hacia el proyecto ilustrado, fuese liberal o democrático. En efecto, Herrera era miembro de la Falange en Uruguay. En 1940, en medio de las acusaciones que se hacían de "Herrera nazi", José de Torres, dirigente de la Falange le escribía a Herrera: "Yo quiero aprovechar esta ocasión para testimoniarle cuanto agradecemos Falange y yo personalmente el interés y el afecto con que Ud. mira esta Organización, como así mismo su labor en el terreno político a favor de Falange. También lamentamos las molestias que pudieran ocasionarle compañeros de prensa motivados por su interés en Falange, que si estuviese en nuestra mano, evitaríamos gustosamente (...) no dude que todos los afiliados ven con honda simpatía su labor política y están en espíritu con Ud. que tanto nos distingue y nos ayuda. Para evitar que indiscreciones de los empleados de Administración puedan dar fundamento a las críticas antes mencionadas he mandado retirar su ficha administrativa de las oficinas de administración, pero la conservo en mi fichero particular considerando que ella honra los ficheros de Falange, como así mismo recibiré con mucho gusto y como un honor los donativos que en forma periódica u ocasional Ud. haga para la obra social de Falange en el Uruguay (...)" (Archivo del Dr. Luis A. de Herrera. Correspondencia, 1940, Tomo XLIX. Museo Histórico Nacional)

    Su pasión cívica y democrática tampoco concuerda con los elogios que hizo del régimen fascista de Mussolini. En 1937, en su viaje por Europa, Mercader no menciona que además de visitar Inglaterra, pasó por Italia. Mussolini lo recibió personalmente en el Palacio Venecia. Al retirarse de la reunión, Herrera le dijo a la prensa italiana que "la Italia que vi es muy distinta a aquella [de hace 15 años], existe un espíritu nuevo que me ha maravillado. (...) El gran cambio fue obra del mismo pueblo y de su Jefe". Refiriéndose específicamente a la reunión con Mussolini, Herrera dijo que "Mussolini ha mostrado una insólita comprensión de los asuntos sudamericanos y expresó mejoradas las relaciones culturales y económicas entre Italia y Uruguay"(12). Luego fue invitado por la Radio Italiana, donde dijo que "veo ahora aquí, lo que antes nunca viera: colosal despliegue de energías morales y materiales, infatigable acción reconstructiva (...) y en lo alto una bandera gloriosa y una gran afirmación colectiva. ¡La Nueva Italia! (...) En el centro de este formidable movimiento anímico, cívico, patriótico y social, cual propulsor de la obra inmensa, la figura extraordinaria de Benito Mussolini, que llena la época contemporánea" (Archivo del Dr. Luis A. de Herrera. Correspondencia, 1937, Tomo XLVI. Museo Histórico Nacional).

    La "Nueva Italia" que admiró Herrera no se había creado en base a ideas liberales ni democráticas, sino gracias al Gran Consejo Fascista, el órgano deliberante más elevado del Gobierno, con facultades para aprobar todas las leyes importantes y los cambios constitucionales. Y el Parlamento, estaba muy lejos de ser una institución liberal, pues era una Cámara de Faces y Corporaciones que formalizó la estructura corporativista.

    Sería apresurado y absurdo afirmar que Herrera se hubiese inspirado en preceptos fascistas. Si nos guiamos por las ideas políticas que desarrolló en sus libros "La Revolución Francesa y Sudamericana" y "El Uruguay Internacional" y por los pensadores que le inspiraron y que él gustaba hacer referencia -Edmund Burke, Hyppolite Taine, Alexis de Tocqueville, Paul Deroulède- podemos sostener que se encontraba en la línea del pensamiento liberal conservador. Las ideas nacionalistas que siempre defendió lo llevaron a abrazar la causa falangista en España y cosechar unas amistades nada liberales, los argentinos nacionalistas Manuel Gálvez y Carlos Ibarguren que no sentían demasiado entusiasmo por la democracia.