Los contratiempos

Represa Rincón del Bonete - Los contratiempos

Gabriel Terra dejó su cargo de "presidente interino", el 19 de junio de 1938, asumiendo como presidente constitucional (con la constitución "terrista" de 1934) su cuñado y a la vez su exjefe de Policía y su exministro de Defensa Nacional, el Gral. Arq. Alfredo Baldomir. Si bien al principio del nuevo gobierno no parece haber ningún cambio en la relación con la Alemania nazi, la actitud belicista de Hitler (que desencadenaría la Segunda Guerra Mundial el 1º de setiembre de 1939), hace que el nuevo titular del ejecutivo deba enfrentar presiones del interior y exterior del país, teniendo que afrontar un cambio de rumbo de la que era una actitud de franca laudatoria oficial al régimen germano y sus aliados del "eje". Y en lo que tiene que ver con las obras del Rincón del Bonete, además comienzan inevitables retrasos.

Terra, en momentos de ser colocada la piedra fundamental de las obras de la represa del río Negro, en telegrama a Hitler auguraba que "... nuestros dos países han de sentirse cada día más vinculados en su firme amistad...". No obstante, apenas en algo más de dos años, afortunadamente Uruguay ya no era el país de Terra, ni tampoco el mundo tenía la misma actitud hacia los regímenes dictatoriales, autoritarios y antiliberales del oeste de Europa.

El nazi-fascismo y falangismo ya no era tan bien vistos entre los uruguayos. A los "excesos" del régimen de Franco en España, o la expansión italiana en Etiopía y Albania (en el sueño de Mussolini en construir el Imperio italiano) se suman las primeras denuncias de la persecución de judíos en Europa. Empiezan manifestaciones en contra de la España franquista, la Italia fascista, y la Alemania de Hitler. La prensa (de distintos signos políticos) hace público y denuncia el accionar de tales regímenes y sus partidarios tanto en el exterior como en el propio país.

Baldomir además afronta la oposición de Estados Unidos y el Reino Unido a la colaboración y compromisos que en algunas áreas tenía con la nación germánica, entre ellas la construcción de la represa del río Negro.

Pero no fue necesario el estallido de la Segunda Guerra Mundial para que las obras del Rincón de Bonete tuvieran un parate: de hecho ya hacía un año que las obras tenían serios contratiempos.

Invasión alemana a Checoslovaquia (septiembre de 1938) En efecto: todo comenzó cuando Hitler invade Checoslovaquia el 30 de septiembre de 1938, lo que dispara acciones por parte del estado uruguayo ante la inminente paralización de la obra. Así el 25 de mayo de 1939 se firma una modificación del Contrato entre Uruguay y Alemania, alterando la forma de pago prevista, y previendo la suspensión de los trabajos en caso de quiebra, insolvencia, imposibilidad de entregar el material, las maquinas y partes en Montevideo, o por causa de guerra que afectara a Alemania.

Así, en caso de interrupción de los trabajos, la devolución de prenda como garantía de la cláusula, sería realizada por la sucursal en Montevideo del Banco Alemán Transatlántico (Deutsche Überseeische Bank).

En agosto de 1939 eran evidentes los atrasos en la fabricación de los alternadores en Alemania, por la carencia de cobre, el cual sólo podría ser adquirido a los Estados Unidos o Cánadá.

El 17 de diciembre de 1939, en la denominada "Batalla del Río de la Plata", tres cruceros de guerra británicos infringen serios daños al acorazado alemán Graf Spee, forzando su hundimiento por su capitán en las proximidades del puerto de Montevideo. A partir de ese hecho, se hizo imposible el envío de las partes electromecánicas (turbinas y generadores) desde Alemania, y el pago de las mismas con mercaderías o envíos en efectivo desde Uruguay, aún empleando buques mercantes desde o hacía países o entre puertos neutrales (como los de España o Portugal).

A iniciativa personal primero, y posteriormente como negociaciones de estado, el Director General de la RIONE (Comisión Honoraria Técnico Financiera de las Obras del Río Negro), el Ing. Luis Giorgi inició tratativas para comprar en los Estados Unidos los equipamientos necesarios. La entrada en guerra del país del norte contra las potencias del Eje Roma-Berlín-Tokio, condicionó a Uruguay con el rompimiento de las negociaciones con el Consorcio alemán.

Y tampoco seria ajeno a todo ello, el presunto complot nazi de conquistar Uruguay y convertirlo en colonia agrícola y ariete de la expansión militar germana en nuestro continente.

El 9 de diciembre de 1941 Uruguay prohíbe el comercio y transferencias de fondos con Alemania, Italia y Japón. Y el 25 de enero de 1942 Uruguay rompe relaciones diplomáticas con Alemania.

En este marco, el 7 de mayo de 1942 se da por finalizado el contrato con CONSAL, por decreto del presidente Baldomir. En consecuencia en julio de 1942 abandonan la obra 95 técnicos y unas veinte familias alemanas.

Al momento de cese del Contrato con CONSAL, el dique estaba casi finalizado y estaban concluidos entre otro los tubos de presión de las turbinas, las compuertas de toma, la sala de bombas de la misma, la obra civil de la casa de comando y oficinas, y la sala de turbinas.

Aún no se había realizado ningún trabajo de la construcción de las líneas por el consorcio germano.

Textos y contextos

El presidente Gral. Arq. Alfredo Baldomir (1941) En 1938 la situación política del Uruguay experimentó algunos cambios significativos. Los sectores que habían intervenido en el golpe de estado (la llamada "coalición marzista") se había resquebrajado. La oposición que había tentado distintos caminos para terminar con la dictadura"de Terra, se mantenía en la abstención electoral desde 1933. A medida que se aproximaban las elecciones presidenciales previstas para marzo de 1938, la candidatura de Baldomir (cuñado, ex funcionario y ministro de Terra), ofrecía algunas expectativas alentadoras para quienes discrepaban o se habían ido distanciando del "régimen", en la medida que se mostraba cierto pragmatismo y parecía el  menos "continuista" de los candidatos de los partidos tradicionales en el gobierno. Baldomir, en su campaña había prometido reiteradamente propiciar la reforma constitucional que reclamaba la oposición, y enojaba a los blancos herreristas muy cómodas en el Senado "medio y medio". Las tensiones políticas internas se nutrían y reflejaban los enfrentamientos entre los bandos pro y antifascistas.

Por otra parte la situación mundial se tornaba cada vez más sombría. Nada parecía detener las ambiciones de Hitler, mientras las democracias occidentales vacilaban. El peligro de una nueva guerra se hacía cada vez más cercano.

Baldomir junto al canciller Guani en la residencia presidencial de Suárez y Reyes (1941) El triunfo de Baldomir en las elecciones abrió un paréntesis de prudente expectativa en las filas opositoras. Mientras su nuevo canciller Alberto Guani (ex delegado de Uruguay en la Sociedad de Naciones), dirigía una política exterior no con menos pragmatismo, sacándola progresivamente de la clara orientación progermana e proitaliana, hacia la órbita de influencia estadounidense, tiñendo su gestión de una fuerte impronta "panamericanista" y de defensa hemisférica frente a los peligros provenientes de la inquieta Europa. La historiografía uruguaya coincide en afirmar que esta etapa marca, internamente la recuperación democrática y, en las relaciones exteriores, el decidido alineamiento con los Estados Unidos, profundizando tendencias de larga duración en el relacionamiento externo del Uruguay siempre acuciado por los peligros de su inserción regional, especialmente con la cercanía de una Argentina de dudosas tendencias democráticas y con ambiciones nunca desmentidas sobre nuestras aguas jurisdiccionales.

La gestión de Baldomir se fue caracterizando por medidas que fueron lentamente marcando un relativo desprendimiento del elenco "marzista".

Con respecto a las obras en el Río Negro procesó algunos cambios importantes.

Significativamente William Dawson, embajador estadounidense en nuestro país, informaba al Secretario de Estado, en agosto de 1938, que a comienzos de año "se había rumoreado que el General Baldomir se oponía al proyecto y podía, de ser electo, disponer la suspensión de los trabajos y la cancelación del contrato con el consorcio alemán.  Luego estos rumores fueron sido descartados, pero al momento de redactar su informe se le había dicho que Baldomir estaba considerando seriamente esos asuntos, aunque "presumiblemente esta decisión sería resistida por el presidente Terra quien habitualmente había sostenido que el desarrollo del río Negro era uno de los grandes logros de su administración".

Por otra parte –agregaba Dawson- en los círculos empresariales crecía la convicción de que la obra del Río Negro "era un emprendimiento demasiado grande para un país tan pequeño y que el contrato con el sindicato alemán no era tan ventajoso como parecía haber creído la administración de Terra"; el costo de la obra había sido subestimado y posiblemente a su finalización habría costado al gobierno no menos de cincuenta y cinco millones de pesos. Informó también que crecían los rumores que la falta de divisas era debido a las obra del Río Negro, y que se había informado pocos días antes que "en vista de la desfavorable situación fiscal, el gobierno había estado considerando la posibilidad de un arreglo para reducir los gastos en el Río Negro y, posiblemente, extender los trabajos a diez años".

Cartel del obrador RIONE/CONSAL Principalmente los problemas fiscales y la posibilidad de renegociar el convenio con el consorcio alemán CONSAL lo que impulsó al gobierno a crear la "Comisión Honoraria Técnico Financiera de las Obras del Río Negro" (abreviadamente llamada "RIONE").

El proyecto de ley elevado por el Poder Ejecutivo a la Asamblea General, el 3 de agosto de 1938, proponía la creación de un nuevo organismo técnico financiero, para "unificar" y "coordinar" todas las disposiciones legales relativas a la construcción y control financiero para la electrificación del Río Negro. A esta institución corresponderían las funciones que hasta ese momento había desempeñado el directorio de la UTE ampliado con la "Dirección de Estudios Hidroeléctricos" (contralor técnico y administrativo) y el contralor financiero, que había desempeñado hasta ese momento sobre la UTE y la CONSAL (la llamada "Comisión Fiscal") creada en 1937. Con esto se evitaba una serie de "inconvenientes emanados de la duplicación de funciones", por lo cual había resultado "lenta la actividad fiscalizante, ejercida por dos cuerpos deliberantes numerosos, que debían expedirse en los plazos perentorios previstos en el contrato-pesada la intervención de dos series de funcionarios con cometidos casi equivalentes y costosa la dirección general de las obras y su contralor".

Mapa de la instalación general de las obras en manos de la RIONE (1943) Cabe pensar que el Poder Ejecutivo pretendía regularizar "administrativamente" las obras hidroeléctricas, además de centralizar y sistematizar funciones. Como señaló el senador Martín Etchegoyen, no era de "aquellas obras que nacen, se desarrollan y mueren normalmente con la intervención continua y permanente del Ministerio de Obras Públicas". Al que agregó el senador Raumar Jude que había "nacido en una forma un tanto foránea, fuera de las líneas generales de la administración".

Debe tenerse en cuenta que la UTE era el ente autónomo que tenía el monopolio de la producción y distribución de energía, pero no el de la construcción de las obras destinadas a generarla, éstas, en todo caso, eran competencia específica del Ministerio de Obras Públicas. De acuerdo a la reforma constitucional de 1934, producto de la "revolución marizista", tres de los nueve ministerios deberían ser ocupados por representantes del Partido Nacional. El Ministerio de Obras Públicas pertenecía (pacto mediante) al herrerismo. Gabriel Terra fue, sin lugar a dudas, un fanático del Río Negro, pero también un hábil político, y esa obra significaba prestigio y fuentes de trabajo. El Presidente podía ceder el Ministerio de Obras Públicas, pero no el Río Negro; derivándolo a esa adscripción a la UTE, bastante extemporánea administrativamente , pero que era un poderoso feudo colorado terrista.

Central termoeléctrica José Batlle y Ordóñez (1941) De todos modos la RIONE fue un organismo bastante singular, dirigido por una Comisión honoraria, cuyos miembros, de una forma u otra, eran todos designados por el Poder Ejecutivo, con el cual se vinculaba por intermedio del Ministerio de Obras Públicas. Prácticamente asumía las características de un ente autónomo, aunque girando en una órbita cercana a su ambiente "natural". Por otro parte un "ente " a término, pues sus funciones concluirían cuando finalizaran las obras y la represa pasara a su ámbito- ahora si- natural, la UTE. Pero en un país de tradición estatista, de entes autónomos de burocracia creciente, y enfrentado a la " máxima obra pública", quién podía garantizar la duración de este organismo sui-géneris?. La realidad lo demostró previsto para cuatro años estuvo en funciones una docena

La RIONE, tuvo así dos cometidos bien demarcados: por un lado, controlar la parte financiera de la obra del Río Negro, lo cual suponía el pago de los compromisos a la CONSAL. Para esto podía, con la autorización de los Ministerios de O. Públicas y de Hacienda, vender o caucionar los títulos de la Deuda pública emitida en 1934. Asimismo, al disponer de una oficina técnico-administrativa, debía proyectar anualmente el presupuesto de sueldos y gastos.

Por otro lado, le fue confiado el contralor técnico de construcción de las obras, las expropiaciones y el contralor general de las actividades del CONSAL, así como los estudios de navegación y riego vinculados con la represa.

Hubo por parte del Poder Ejecutivo, en este aspecto, un cuidado especial por mantener "la unidad técnica necesaria, concentrando todas las atribuciones de funcionamiento, organización y fiscalización en la forma más eficiente y económica". Este objetivo se lograba al disponerse que los "técnicos especializados que intervinieron desde la iniciación en los estudios del aprovechamiento hidroeléctrico del Río Negro, formaran parte del personal de la Comisión".

Con esta decisión, se daba a nuestro entender un paso importante en la centralización y adecuada utilización de los conocimientos técnicos acumulados por los ingenieros a lo largo de tantos años, ya fuera en el plano de la geología, la hidrología, electricidad, etc., "asegurando continuidad de acción". Todo el personal que la UTE tenía destinados al servicio de las obras del Río Negro, y que la RIONE, decidiera utilizar, no dejarían de pertenecer a la primera ni perderían sus derechos, debiendo reintegrarse al finalizar las obras.

Por otro lado, debe tenerse presente que la situación en el Río Negro era "delicada" no solo por las demandas financieras. A medida que aumentaba la presión de los fascismos y se multiplicaba la lucha antifascista, los partidos de oposición y los sectores democráticos y de izquierda uruguayos no dejaban de señalar la obra como un nido de nazis y de prédica nacionalsocialista. De modo que siempre estaba "bajo vigilancia", y todo lo que allí sucedía era seguido atentamente no solo por los actores uruguayos, sino también por los representantes de las democracias occidentales-especialmente ingleses y norteamericanos- interesados no solo en controlar un posible brote nazifascista en América Latina, sino también en recuperar las posiciones perdidas en los mercados frente al empuje alemán.

Mientras las obras continuaban, el Uruguay enfrentaba problemas financieros para pagar con regularidad las cuotas del contrato con la CONSAL, lo cual condujo a negociaciones por un nuevo plan de pagos. El mismo fue aprobado por el Consejo de Ministros, el 25 de mayo de 1939, y representaba una disminución diez millones de pesos en las anualidades de 1939 y 1940.

Las obras continuaron normalmente hasta el estallido de la guerra, el 1º de setiembre de 1939. A partir de ese momento la CONSAL comenzó a tener problemas para continuar las obras, y más aún recibir las maquinarias y demás elementos necesarios para realizar las instalaciones electro-mecánicas. El Uruguay y Alemania realizaron todos los esfuerzos posibles para que la marina británica que custodiaba el Atlántico permitiera –mediante el otorgamiento de Navicert- transportar la maquinaria pronta en las fábricas germanas y que el gobierno uruguayo ya había abonado en gran parte. El ministro alemán había confiado a su colega estadounidense que "la intención del gobierno alemán era terminar la fabricación de toda la maquinaria", agregando, "que creía que el Gobierno Británico había asegurado al uruguayo no intervenir en el envío la maquinaria desde Alemania" y entendía la conducta de los ingleses porque cumplir con esos envíos suponía para el gobierno alemán privarse de cantidades importantes de hierro, acero y cobre. "Hubiera podido agregar- señaló Dawson- que había oído de otras fuentes que los británicos habría dado seguridades de no interferir con los embarques de maquinaria hacia Uruguay, pero la razón era que no creían que los alemanes pudiern o quisieran terminar la maquinaria comprada por el Uruguay".

Guani por Julio E. Suárez, Peloduro (septiembre de 1939) A medida que la guerra cubría el mundo, el gobierno uruguayo compartía con los directivos y técnicos de la RIONE las preocupaciones por el futuro de la empresa. Había sido nombrado Director General de la misma, ingeniero Luis Giorgi, de enorme capacidad y experiencia, que constituía el centro de un núcleo de profesionales altamente capacitados dedicados a controlar las obras y realizar aquellas que correspondían a la RIONE. Una memoria trienal (abril-setiembre) de 1940 daba cuenta de los avances realizados en la Sección de Ingeniería civil, a cargo del Ingeniero Carlos Giavi (se había avanzado en obras de ingeniería civil, caso de perforaciones, inyecciones, habiéndose efectuado pagos por un total de diez millones y medio de pesos y casi 400 mil libras). La labor desarrollada por la Sección Ingeniería electromecánica, a cargo del ingeniero Juan Rezzano era más escasa, aunque no totalmente insuficiente, dirigida a realizar pintura y mantenimiento de algunas pequeñas partes mecánicas, pues no habían llegado ni turbinas, ni generadores, ni cables de transmisión de alta tensión.

A comienzos de 1941, el Uruguay (por intermedio del canciller Guani) vista la imposibilidad de que Alemania continúe enviado los materiales necesarios pide la asistencia de los Estados Unidos para completar el proyecto del Río Negro. La nota fue dirigida al encargado de negocios Selden Chaplin, pero este entendió pertinente hacerle llegar un cuestionario sobre las características que tendrían las posibles compras de nuestro país La respuesta del Ministerio de Relaciones Exteriores fue tajante: las adquisiciones serían para el gobierno uruguayo no para CONSAL. La respuesta no pareció conformar demasiado al diplomático que informó" debe ser notado que aunque el gobierno uruguayo nos asegura que la compra de equipos eléctricos en los Estados Unidos es para su beneficio y no para el consorcio alemán y será negociado como un contrato separado bajo el eventual control del gobierno uruguayo, estas afirmaciones no resuelven, en opinión de esta Legación, el asunto de la continuación de la participación alemana en el proyecto": Creía también el Encargado de Asuntos que no habiendo tenido el gobierno uruguayo la gentileza de proporcionarle una copia del contrato firmado con la Consal, el gobierno de los Estados Unidos estaba en su derecho si antes de responder, pedía se le enviaran copias del mencionado contrato y los acuerdos subsidiarios.

El obrador del Rincón del Bonete en 1943 En el mes de julio de 1941, el ingiero Giorgi, fue enviado a los Estados Unidos a negociar la adquisición de toda la maquinaría para poner en marcha la represa, gestionar un préstamo del Eximport-Bank para financiar dichas compras, y obtener la calificación de "prioritaria" a dichas adquisiciones. Giorgi se movió con agilidad, y soltura, pero las negociacione fueron muy arduas. Los estadounidenses exigían la rescisión del contrato y el retiro de todo los alemanes de la represa antes de acceder a proporcionar lo que el Uruguay necesitaba. En agosto se le unión el Ingeniero Rezzano, que debía estudiar y especificar las características de maquinaria necesaria. Las negociaciones terminaron satisfactoriamente para el Uruguay a fines de 1942. Tal resultado no solo fue producto de la habilidad negociadora de Giorgi, que la tuvo, y especialmente una firmeza que asombraba a sus interlocutores americanos sino también nuestra política exterior, pragmáticamente manejada por Guani, que supo convertir al Uruguay al menos temporariamente, en una pieza clave de la estrategia de la defensa hemisférica. También facilitó los acuerdos, el ataque a Pearl Harbor y la entrada en guerra de los Estados Unidos que rápidamente puso a funcionar los pactos panamericanos. Uruguay fue uno de los primeros en romper relaciones con el eje, y en con secuencia pudo rescindir el contrato con la Consal.

A partir del 20 de julio de 1942, la represa del Río Negro se convirtió en responsabilidad exclusiva de la RIONE y sus técnicos. Esta debió "buscar su adecuación a las nuevas condiciones, evolucionando rápidamente hasta convertirse, en 1944, en una gran empresa estatal de construcciones hidroeléctricas al asumirla responsabilidad (…) de abordar por Administración, la terminación de las obras de ingeniería civil y todos los trabajos de ingeniería electromecánica".