Hum... el Río Negro

El río - Hum... el Río Negro

El río Negro, con una longitud de 850 kilómetros tiene su cuenca, delimitada por la Cuchilla de Haedo al noroeste y por la Cuchilla Grande al suroeste, y ocupa una superficie de más de 70 mil, mayormente en territorio uruguayo. Desemboca sobre el río Uruguay, derramando sus aguas a través de varias bocas enmarcadas por las islas del Vizcaíno y la de Lobos, las cuales, junto a otras islas como la Redonda, del Medio, Pepe Ladrón, Santiago Chico y Santiago Grande, conforman un delta en esa desembocadura.

Antecedentes


Detalle del río Negro de un antiguo mapa de 1857 En 1903 el presidente Dr. José Batlle y Ordóñez, contrató al ingeniero M. Armand, para que estudiara detalladamente la posibilidad de hacer navegable el Río Negro. Los estudios preveían la cosntrucción de presas que asegurarán el nivel agua en los periodos de seca. Una de las zonas elegidas fue en las proximidades de la desembocadura del Río Tacuarembó.

En 1906 se instala en Santa Isabel, actualmente Paso de los Toros, la primera “Oficina de Navegación de los Ríos del Interior”, dependiente del por entonces Ministerio de Fomento, la cual tendrá particular relevancia para el posterior relevantamiento de toda la información de hidrometría (escalas, aforos, perfiles) usados para la construcción de la represa de Rincón del Bonete.

Víctor Sudriers, ingeniero uruguayo en puentes y caminos al servicio del ejército gubernamental durante la Revolución de 1904, avizoró por primera vez el aprovechamiento hidroeléctrico del río Negro.

La Dirección de Hidrografía fue creada a partir de la Oficina de Navegación de los Ríos del Interior. Se iniciaba así el desarrollo de la navegación interior en el Uruguay como actividad fundamental en el sistema de transporte de la época. Cabe recordar que en 1906 no existían carreteras y el sistema ferroviario recién estaba en sus inicios, por lo que el transporte fluvial tanto de carga como de pasajeros, constituía el medio más idóneo para el transporte de la época. Desde 1909 en adelante la Dirección de Hidrografía comienza la elaboración de mapas con la topografía y altimetría del río Negro y se instalan escalas para indicar la altura de las aguas, a partir de mojones de referencia, instalados por el Servicio Geográfico Militar referidos al cero de Montevideo ("Cero Wharton").

En 1908 el ingeniero Sudriers solicitó una propuesta técnico ecónomica a la firma de ingenieros londinenses "J.G. White Engineering Corporation" con la que ya trabajara en las redes de tranvías eléctricos en Montevideo. El ingeniero Robert Barwell recorre el Río Negro, escogiendo la denominada “Picada de los Ladrones” como el lugar adecuado para construir la represa, km 546 aguas arriba del Río Uruguay, esclusa de navegación y central de 20 MVA de potencia y una linea de transmisión a Montevideo de 30 MVA, el cual fue rechazado por excesivo costo para la época, a favor de la nueva central termoeléctrica Calcagno .

En 1916 el ingeniero Sudriers entrega los estudios hidrológicos previos a la casa "Ulen & Co", presente en Uruguay en la construcción de obras de saneamiento y agua potable, también con experiencia en represas en los Estados Unidos. Ulen & Co presenta un detallado informe, volviendo a recomendar “Picada de los Ladrones” o “Rincón del Gonzalez” como posibles sitios a a construir la represa, con una potencia de 40 MW, longitudes de dique de 2000 o 1400 metros respectivamente, y costo estimado de unos 15 millones de pesos uruguayos.

En 1923 el ingeniero Pierre de Kalbermatten y el geólogo Michel Lugeon, son contratados para profundizar los estudios para la represa del río Negro. Fueron evaluados y descartados por diversas razones técnicas los parajes de “Isla González”, “Picada de los Ladrones”, “Isla de la Rosa” y el “Perfíl de Sarandí”. 

La Comisión Nacional de Estudios Hidráulicos


Puente Centenario sobre el Río Negro en plena construcción (1929) En 1925 el Dr. José Luis Gabriel Terra, pasa a integrar el Consejo Nacional de Administración, órgano colegiado del Poder Ejecutivo bicéfalo que prescribía la Contitución vigente (de 1918). Terra es informado sobre las posibilidades y beneficios de la hidrogeneración, en reuniones con el Ministro de Obras Públicas Juan A. Alvarez Cortés y el Ministro de Hacienda Pedro Cosio. Desde el Poder Ejecutivo, envió al Parlmento un proyecto de ley (Ley 8.308 del 16 de octubre de 1928) para financiar los estudios de aprovechamiento hidroeléctrico del Río Negro, Río Uruguay o Río Queguay, y se crea la Comisión Nacional de Estudios Hidráulicos, con integrantes de distintos organismos del Estado (Ministerio de Obras Públicas, Administración de Ferrocarriles del Estado AFE, Dirección de Hidrografía y Geología, Administración Nacional de Usinas y Transmisiones Eléctricas UTE), y el ingeniero Víctor Sudriers como representante del Poder Ejecutivo. La comisión sugirió construir la represa en “Rincón de Cabrera”, en el kilómetro 417 del Río Negro, en el paraje “Picada del Cerro”.

En 1929, el Poder Ejecutivo contrata al ingeniero alemán Dr. Ing. Adolfo Ludin, quien presentó un anteproyecto en 1930 para la construcción de una represa en el paraje denominado Rincón del Bonete, habiéndose descartado previamente posibles sitios aguas arriba como los de “Isla González”, “Cerro de la Manga” o el ya mencionado de “Rincón de Cabrera”. La represa se ubicaría en la denominada “Picada de las Tunas”, en el kilómetro 394 del Río Negro, 22 kilómetros aguas arriba del puente del ferrocarril de Paso de los Toros. Respecto a la actual represa una de las particularidades fue que la casa de maquinas se ubicaba en la margen izquierda (o sea en el departamento de Durazno).

El 2 de febrero de 1929, adelantando las celebraciones de los 100 años de la Jura de la Constitución, es inaugurado el Puente Centenario, que une el sur con el norte del país en la Ruta N°5, cruzando el Río Negro. Hasta ese momento el cruce era por balsa desde 1857 y por ferrocarril desde 1887. La obra fue adjudicada a la empresa alemana con sede en Buenos Aires “Wayss y Freitag”, quienes más tarde, junto con GEOPE formaron parte de CONSAL, el consorcio de la obra de la represa.

La primer licitación realizada en 1931 basada en el anteproyecto de Ludin, es declarada desierta, a pesar de haber sido invitadas y visitadas por delegados de la Comisión, fabricantes de primer nivel como Skoda o Siemens-Baunnion.

El proyecto a partir del autogolpe de estado del Terra


Dr. José Luis Gabriel Terra El 1° de marzo de 1931 asume como presidente de la República el Dr. Gabriel Terrra, impulsando ahora más que nunca la construcción de la represa Rincón del Bonete.

Cuando Terra el 1° de marzo de 1933 dio un golpe de estado, disolviendo el parlamento y el el Consejo Nacional de Administración, la construcción de la futura represa pasa a ser una obra fundamental de difusión de su gobierno.

En ese marco, el 10 de abril de 1933 disolvió la Comisión Nacional de Estudios Hidroeléctricos, nombrando a Víctor Sudriers como director de Estudios Hidroeléctricos, y colaboradores a los ingenieros Eduardo Terra Arocena, Bernardo Kayel y Alejandro Rodriguez con la misión de elaborar un proyecto definitivo, finalizar los estudios topográficos y geológicos faltantes, con un plazo de un año para el comienzo de la obra.

El 17 de junio de 1933 se contrató al profesor Adolfo Ludin para elaborar el proyecto definitivo, elegido entre tres propuestas: la de los ingenieros Luigi Ganassini (italiano), Brad Cooper (estadounidense) y la de Ludin.

El 28 de enero de 1934 el ingeniero Ludin llega a Uruguay con el proyecto completo de la represa, el cual recibe numerosas y fuertes críticas de una comisión de evaluación de la Asociación de Ingenieros del Uruguay, que estudio detenidamente el anteproyecto de 1930.

La Ley 9.257 del 15 de febrero de 1934, otorga a UTE (por entonces, Usinas y Teléfonos del Estado) la construcción y explotación de la obra de la represa en el Río Negro, para lo cual debería emitir títulos de deuda públicos interna y externa, con garantía en los activos de la empresa. El artículo 8 de esta ley, y la consiguiente Ley del 18 de noviembre de 1937, disponen la expropiación de las 114 mil hectáreas, de los campos aguas arriba de Paso de los Toros hasta la cota +86,00 m. La expropiación llevó varios años dado que muchos predios no tenían títulos de propiedad, sus ocupantes rechazaron la indemnización o se negaban a desocupar.

El 25 de Abril de 1934, el Consejo de Ministros, presidido por el presidente Dr. Gabriel Terra, aprueba el proyecto definitivo del ingeniero alemán, iniciándose una serie de tres licitaciones hasta concretarse la obra. La primera licitación venció el 15 de enero de 1936 y fue declarada desierta. El 15 de abril de 1936 se abrieron las ofertas del segundo llamado a licitación, con un único oferente: un consorcio alemán de cinco empresas, liderado por Siemens Schuckertwerke y Siemens Baunnion, Voith, la Companía General de Obras Públicas (GEOPE), Allegeneine Elektricitats, y el contratista "Philipp Holzmann AG".

La oferta fue rechazada por elevados sobrecostos, iniciándose un tercer llamado a licitación al cual; el 23 de diciembre de 1936, se presentan dos ofertas; Skoda y el consorcio alemán antes nombrado nuevamente. Ambas se ajustaban al proyecto definitivo del profesor Ludin, pero la diferencia de precio era muy grande a favor de la segunda, la cual preveía un convenio económico comercial con Alemania, para el pago de la deuda con productos del país (carne, lanas y cueros) por casi la mitad del monto de la deuda a pagar.

El monto total del presupuesto de la obra llego a cerca de cincuenta millones de pesos, casi un sexto del producto bruto interno de la época. El contrato de construcción de la represa, entre el consorcio alemán y UTE, se firma el 15 de abril de 1937, estableciéndose que la obra debería estar terminada el 30 de abril de 1942. El último obstáculo para su ejecución fue político: una interpelación del diputado socialista Dr. Emilio Frugoni al Ministro de Obras Públicas Dr. Martín Echegoyen, que duró casi una semana.

Textos y contextos

Multitud asistente al funeral de José Batlle y Ordóñez (21 de octubre de 1929) El 20 de octubre de 1929 en el Hospital Italiano de Montevideo fallecía raíz de una afección cardíaca don José Batlle y Ordóñez. El llamado "forjador del Uruguay moderno" sería velado en capilla ardiente en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo y luego trasladado al Panteón Nacional donde fue enterrado con honores de Estado.

Cuatro días después se producía el Crack de la Bolsa de Nueva York, que produce el estallido de la mayor crisis económica mundial.

Los dos hechos, inconexos entre sí, caracterizarán el momento político, económico y social del país. Serán estos momentos de depresión económica y de desintegración política. Uruguay daba una vuelta de página de su historia. Termina la era batllista, comienza la crisis y se acerca el quiebre institucional.

Uruguay comenzando la década del 30


Avenida 18 de Julio hacia el Este vista desde la calle Tristán Narvaja (1930) 1930 era año electoral. El 30 de noviembre concurrieron a las urnas para obtener el voto popular, Colorados, Blancos, Comunistas y Socialistas. La pugna era por la presidencia de la República y de un tercio del Consejo Nacional de Administración.

Ocurre que de acuerdo a la constitución vigente de 1917 el poder ejecutivo era "bicéfalo" y estaba por tanto compuesto por dos órganos: el Presidente y el Consejo Nacional de Administración (CNA) de nueve miembros, tres de los cuales que se renovaban en elecciones realizadas cada dos años.

La presidencia le correspondió al batllista Dr. Gabriel Terra, y los tres miembros del CNA que ingresaron al mismo eran los también batllistas Juan P. Fabini, Tomás Berreta y el blanco independiente Alfredo García Morales.

Cabe señalas que los lineamientos de la política económica no le correspondía al preseidente de la República, si no al CNA. Por lo tanto de él dependían las medidas que se tomarían para enfrentar la crisis.

La mayoría de este órgano la tenían los batllistas que habían logrado un acuerdo con los blancos independientes que eran opuestos a Luis Alberrto de Herrera. Entre otras cosas, el acuerdo establecía el reparto de cargos públicos entre los participantes del mismo, medida que en sí resultó antipopular e hizo a de Herrera llamarlo despectivamente como "el pacto del chinchulín".

La medidas desarroyadas por el CNA para enfrentar las crisis incluyeron la devaluación y control de cambio, suba de impuestos, la suspensión del pago de la deuda externa, proteccionismo industrial, fomento agropecuario y la ampliación de la empresas del Estado. Con ellas se intentó disminuir o eliminar el déficit del estado, aumentar la producción nacional y reducir el desempleo, haciendo que edn mayor o menor medida que toda la sociedad compartiera el costo de la crisis.

Pero al parecer nadie quería hacerlo: Los exportadores los exportadores se quejaban del control de cambios; las empresas extranjeras de que no podían sacar sus ganancias del país y acerca de estatización creciente; los importadores por el aumento del valor del dólar; los empleados públicos por el impuesto a los sueldos. La devaluación del peso encareció el costo de vida porque aumentaron los combustibles y las materias primas importadas que se manufacturaban en Uruguay y por lo tanto también los sectores populares se vieron afectados negativamente.

Las "posibles soluciones"


Luis Alberto de Herrera En 1931 se inició una dura polémica entre los diversos sectores políticos, sociales y económicos para enfrentar la crisis. No se trató solamente de una discusión sobre las causas y las soluciones de la misma, sino que fue un enfrentamiento ideológico sobre las diversas concepciones o modelos de país.

Así, los sectores conservadores que se expresaban a través de los gremios de hacendados, los colorados "riveristas" (sector de Manini Ríos opuesto al batllismo) y el herrerismo. Éstos responsabilizaban la situación a la política reformista del batllismo. Como lo venían haciendo desde hacía varios años rechazaban la legislación laboral, el estatismo y el proteccionismo que el estado quería brindarle a las industrias. Reclamaban un "alto" en las reformas, menos gastos estatales, detener las obras públicas e incluso reducir los salarios y conquistas sociales para los trabajadores.

La Federación Rural lideró los reclamos del sector conservador. En mayo de 1931 emitió una extensa declaración pública dirigido a los "hombres del gobierno", donde expresaba entre otras cosas: "... debe hacerse un alto en toda iniciativa que pueda contribuir a recargar el valor de la mano de obra y el standard de vida..., economizar, no realizar ningún gasto superfluo. Debe irse sincera y enérgicamente a la supresión de obras públicas y aún a un reajuste en los sueldos (...) Los productores rurales tendrán en cuenta, sin duda, quienes son entre sus representantes en el gobierno y el Parlamento, los que han sabido inspirar su gestión en los sanos principios...”.

La posición conservadora se mantuvo unida y eran conscientes que esa unidad les daba más fuerza a sus reclamos y a sus hechos. En un congreso regional de estancieros realizado en Treinta y Tres reconocían que "la desunión en cambio llevará la comercio, a la industria y al país a una ruina inevitable, y posiblemente al caos soviético".

Juan Pedro Fabini Entre tanto la visión reformista se expresaba fundamentalmente a través del batllismo en acuerdo con los blancos independientes. Éstos, al comenzar la crisis intentaron quitarle dramatismo a la situación y dar una visión optimista de la recuperación. Insistían en el origen puramente externo de la crisis y que para salir de ella no había que detener las reformas sino profundizarlas.

Las palabras del Ministro de Industrias Edmundo Castillo son representativas de la visión reformista: "El Uruguay puede tener en medio del malestar reinante en el mundo entero, la satisfacción de ser uno de los países que mejor ha resistido la profunda crisis económica y financiera actual. Debemos perseverar en la política constructiva y estimulante del trabajo nacional y en la protección de la población obrera urbana y rural".

A medida que el tiempo transcurría y la crisis se mantenía y no aparecía una rápida recuperación, el sector reformista tomó una postura defensiva frente a los ataques de los conservadores. El diario “El Día”, principal vocero del batllismo, salió a hacer frente a las críticas como en esta editorial de enero de 1932: “Nuestros políticos, tan impopulares como inescrupulosos, persisten en explotar con fines electorales la crisis económica que soporta el país... Es la influencia del batllismo en el gobierno dicen desde ciertos sectores... Ninguna responsabilidad puede atribuirse al colegiado o al batllismo. El batllismo no es mayoría en el gobierno desde hace muchos años. Si hubiera podido influir decisivamente no habría crisis económica o sería esta atenuada en tal grado que pasaría inadvertida. Nos habría bastado con nuestra política de intensificación de la producción, limitación de gastos en el exterior y ensanche del dominio industrial del estado... Y no habría crisis... Pero cuando comenzamos a resolver los problemas económicos y sociales, perdimos la mayoría por las divisiones internas y por la incomprensión de una gran parte de los ciudadanos. He ahí en síntesis, las causas de la crisis porque atraviesa el país”.

Emilio Frugoni Y por último estaba la visión de la izquierda expresaba a través del Partido Socialista, el Partido Comunista y también por el sector batllista liderado Julio Cesar Grauert muy cercano a los análisis marxistas aunque integraba y votaba dentro del Partido Colorado.

Para socialistas y comunistas la crisis del 29 anunciaba la “inexorable e inminente” caída del capitalismo. Partiendo del análisis teórico del marxismo, consideraban que esta era la gran crisis que desembocaría en el establecimiento de un nuevo sistema de organización social. Además la crisis debía ser aprovechada para concientizar a los trabajadores de las causas de sus males y guiarlos hacia la lucha que derrocara al capitalismo. El líder socialista Emilio Frugoni expresaba en la Cámara de Diputados: “Estamos en presencia de una crisis excepcional del mundo que no puede considerarse como una simple crisis más. Es una crisis orgánica que denuncia el fracaso de todo el sistema económico”. También reconocía que la crisis se veía aumentada por factores propios de Uruguay: “Si no soportamos mejor los embates de la crisis universal es porque ésta nos sorprende con una economía profundamente desequilibrada”.

Con un lenguaje más duro y combativo, el periódico comunista “Justicia” advertía en 1930 que la crisis podía derivar en una dictadura de derecha y aconsejaba como enfrentarla: “Comprendiéndose la crisis y su carácter profundo y creciente, se desprende de esta comprensión la inminencia del motín y de la fascistización del estado. A la vez se comprende la radicalización, la combatividad de las masas trabajadoras, quienes son las únicas que bien encausadas, dirigidas por el partido del proletariado, pueden romper la inminente intentona fascista y a la vez romper los marcos de la democracia podrida burguesa -democracia para los ricos- para poder defender sus intereses y lanzarse a la toma del poder, representados por los consejos de obreros, campesinos y soldados para cumplir los fines de la revolución agraria y antiimperialista”.

Julio César Grauert Grauert y sus compañeros del grupo "Avanzar" insistían en que se había agotado el sistema capitalista. El semanario “Avanzar” expresaba en 1930 que: “El capitalismo caerá para dar lugar a una nueva sociedad donde la vida más armónica no permita la coexistencia de explotados y explotadores... ha llegado la hora de abandonar la vieja teoría de la armonía entre el capital y el trabajo, para disponernos a obtener la socialización de las industrias y el comercio y la nacionalización de las tierras, terminando así con la absurda economía capitalista”.

Los fascismos vernaculares y el gobierno de Terra


Gabriel Terra (Caricatura de Federico Murro) Como se mencionó anteriormente, en noviembre de 1930 en medio de la crisis económica y de la fragmentación partidaria los uruguayos concurren a las urnas.

El Partido Colorado presentó tres candidatos a presidente y con el batllismo dividido en dos tendencias: Un sector promovió a la presidencia a Gabriel Terra y otro (que tenía el respaldo del diario “El Día” manejado por los hijos del fallecido Batlle y Ordóñez, César, Lorenzo y Rafael), apoyó a Federico Fleurquin. El tercer candidato colorado era la del riverista Manini Ríos.

El Partido Nacional llevaba dos candidaturas presidenciales: Luis Alberto de Herrera y Eduardo Lamas.

Triunfó el Partido Colorado y dentro de éste el sector batllista que postulaba a Terra. La ventaja de los colorados sobre los blancos aumentó en comparación con la anterior elección. Las consecuencias fue que en 1931 se dividieran en los dos sectores que lo formaban. El sector contrario a Herrera (los "nacionalistas independientes") se separó y hasta 1958 votaría fuera del lema.

Asumido el cargo (1º de marzo de 1931), Gabriel Terra se negó a concurrir a las reuniones de la Agrupación Colorada de Gobierno, órgano donde los sectores del partido coordinaban su acción gubernamental. Era evidente que el presidente quería gobernar por su cuenta y no quería subordinar su actuación a las decisiones partidarias.

Además Terra nombró ministros de todas las fracciones coloradas, desconociendo el peso decisivo del batllismo en su elección. Las relaciones con los llamado "batllistas netos" (los hijos de Batlle y Ordóñez y el diario "El Día") fueron cada vez más tensas. El presidente se rodeó de dirigentes antibatllistas, y los batllistas, que tenían la mayoría del Consejo Nacional de Administración (cuatro en seis consejeros colorados), comenzaron a cuestionar las decisiones del presidente Terra. Las diferencias políticas internas de los colorados se trasmitían a los órganos del ejecutivo.

Por su parte en el Senado había una mayoría del partido Nacional, mientras que en diputados la representación proporcional y la paridad en las diversas listas no permitía a nadie tener una clara mayoría. Todos los órganos parecían estar enfrentados y se neutralizaban uno al otro. Desde diversos sectores se comenzó a exigir un "gobierno fuerte" y efectivo.

En 1929 la Federación Rural fundada no hacía mucho tiempo y dos de cuyos principales propulsores eran el caudillo nacionalista Luis Alberto de Herrera y el conductor del riverismo Pedro Manini Ríos, impulsó la concreción de una asociación permanente integrada por fuerzas afines a los medios empresariales, que fue denominada "Comité Nacional de Vigilancia Económica".

Se pretendía con ella ejercer un seguimiento de todos los planteos de reformas sociales que pudieran intentar las fuerzas de izquierda declaradas como tales o disimuladas en los partidos tradicionales. Los métodos del Comité eran parecidos a los utilizados por las centrales sindicales: detención parcial de actividades en comercios o fábricas, cierres patronales y presiones de todo tipo.

El Comité de Vigilancia Económica (llamado por sus adversarios "Comité del Vintén" por la forma en que cuidaba el dinero) ya había ejercido mucha influencia durante la presidencia del colorado no batllista Juan Campisteguy que había precedido al de Terra y pretendía hacer lo mismo con el gobierno de éste.

Marcha de militantes fascista en la ciudad de La Plata (Argetina, 1930) En el mismo plano ideólogico, pero un tanto más peligrosa existía una segunda organización creada también en 1929. Era la llamada "Vanguardias de la Patria". Creada al estilo de los grupos de choque de Adolfo Hitler y Benito Mussolini que estaban de moda en Europa, configuraba una formación de tipo paramilitar integrada por civiles que recibían armamentos, equipos e instrucción y que incluso llegaron a desfilar alguna vez por las calles de Montevideo.

En el libro de Raúl Jacob "El Uruguay de Terra" se recuerda que el propio Ministro de Guerra y Marina de la época general de división Manuel Dubra reconocía que las fuerzas integrantes de las "Vanguardias de la Patria" eran apenas cuatrocientas "pero que su anhelo patriótico era el de que pudieran desfilar el día del Centenario Nacional veinte mil ciudadanos". Como era de esperar, estas fuerzas paramilitares no se limitaron a una actitud pasiva sino que, tal como estaba ocurriendo en Alemania e Italia en alguna oportunidad pretendieron hostigar los actos de los partidos que no contaban con sus simpatías.

Pero algunos uruguayos no sólo importaban las ideas de moda acerca los grupos de choque de los gobiernos fascitas europeos, si no también sus peculiares maneras de entender el mundo.

En junio de 1930, se presenta una ley que pretendía controlar la inmigración. Radicalizada al extremo como estaba la sociedad, resultaba hasta cierto punto lógico en que en algunos sectores se percibiera una fuerte corriente xenófoba que buscaba impedir la llegada al país de extranjeros a los que se llamaba en algún diario "escorias humanas" con el argumento de que se trataba de indeseables que venían de Rusia a expandir la revolución y que además quitaban mano de obra a los trabajadores nacionales en un momento de real falta de trabajo.

Tanto el "Comité de Vigilancia Económica" como la "Federación Rural", que apoyaban decididamente a Terra, propugnaban por soluciones que controlaran el ingreso de personas. No eran actitudes simpáticas y los demás partidos recordaban sin pausas que el Uruguay a partir de los últimos años del siglo XIX había sido creado por otros inmigrantes.

En el volumen 1 del libro de Gerardo Caetano y Raúl Jacob titulado "El nacimiento del terrismo" se trae a la memoria que el proyecto que limitaba la entrada de extranjeros fue detenido en 1930 y volvió a tomar impulso al año siguiente. En 1931, durante el XVI Congreso de la Federación Rural, el señor Máximo Casciani Seré presentó un borrador de proyecto de ley que decía: "serán considerados inmigrantes indeseables: 1)Los enfermos crónicos, tarados, defectuosos e inferiores mentales de cualquier nación. 2) Los delincuentes y extremistas de todos los partidos políticos que predican la violencia y el exterminio de clases. 3) Los inmigrantes de los Balcanes y de la Europa Oriental. a) Por no tener afinidad con nuestra raza de origen latino. b) Por ser esas razas universalmente consideradas de nivel mental inferior (ya que) al establecerse estos elementos entre nosotros y procrear no harán más que perpetuar indefinidamente todas las lacras y los odios ancestrales del infrahombre europeo. Serán la minoría sedienta de sangre que sobre las ruinas humeantes de nuestra sociedad brindarán con Bakunin por la destrucción de toda ley y orden y por el desencadenamiento de las malas pasiones".

Ni la ley que limitaba la inmigración fue finalmente aprobada ni el texto precedente sirvió felizmente de modelo para nadie, pero el episodio constituye un excelente ejemplo de las tensiones sociales y el pensamiento corporativo que se vivían en nuestro país al inicio de la presidencia de Gabriel Terra.

Se gesta el golpe: La "Marcha sobre Montevideo"


En setiembre de 1931, Terra inició una campaña para reformar la constitución. Comenzó recorriendo el interior del país, donde era menor la influencia del batllismo neto, logrando la adhesión de los enemigos del colegiado y de la política reformista. Como el sistema de reforma constitucional era muy largo, Terra consideraba que se debía recurrir a un plebiscito directo, una forma rápida de "salvar al país".

La campaña para reformar la constitución se incrementó con el paso de los meses y a medida que la depresión se hizo sentir más en los bolsillos de los ciudadanos. En el discurso de Terra se asoció cada vez la reforma de la constitución con la "salvación nacional". Era evidente que Terra y quienes lo apoyaban quería "desempatar" la situación política eliminando la influencia en el gobierno de los batllistas netos.

Pero para cambiarlo por la vía legal no tenían mayoría. En las sombras se iba gestando el cambio por medio de la fuerza; tanto los sectores empresariales, como el riverismo y el herrerismo, presionaban a Terra para que este se definiera. En marzo de 1933 Terra se definiría mediante el golpe de estado.

En efecto: en los primeros meses de 1933 la campaña a favor de una reforma de la constitución de cualquier manera y al costo que fuera se más hizo virulenta.

Marcha sobre Roma (27 al 29 de octubre de 1922) Los sectores conservadores utilizaron sus diarios para difundir sus críticas a la constitución y al CNA. El herrerismo trató de llegar especialmente al sector rural, su tradicional sector de apoyo. Para eso, y explotando los problemas del campo (al endeudamiento que se había estado generando desde años anteriores se le sumó la langosta), impulsó una "marcha sobre Montevideo" incitando la tradicional rivalidad de la campaña con la capital (tradicional baluarte batllista) catalogando a Montevideo como un lugar corrupto, desde donde se gobernaba en forma absurda al interior.

Sin dudas el nombre "marcha sobre Montevideo" no era casual y hacía sugerente y directa referencia a la marcha de los fascistas sobre Roma que había dado el poder a Mussolini hacía diez años atrás. Los herresitas avenidos en impulsores y admiradores de Mussolini y clara y explícitamente inspirados por éste proclamaban: “Italia se hallaba como se halla hoy nuestro país, antes de la Marcha sobre Roma. Desorden, caos, corrupción, política pestilente, desorganización social, ruina... Y bien ¿porque no hacer nosotros una marcha sobre la ciudad corrompida, esta capital nuestra que, indiferente al dolor del país, se apresta para las fiestas del verano y del carnaval?

En este punto cabe señalar que el líder Luis Alberto de Herrera se confesaba admirador del régimen corporativista de Mussolini. En 1937, en su viaje por Europa, cuando llegó a Roma supo ser recibido personalmente por el dictador italiano en el Palacio Venecia. Al retirarse de la reunión, de Herrera le dijo a la prensa italiana que "la Italia que vi es muy distinta a aquella (de hace 15 años), y existe un espíritu nuevo que me ha maravillado. (...) El gran cambio fue obra del mismo pueblo y de su Jefe". Y refiriéndose específicamente a la reunión con Mussolini, de Herrera dijo: "Mussolini ha mostrado una insólita comprensión de los asuntos sudamericanos y expresó mejoradas las relaciones culturales y económicas entre Italia y Uruguay". Luego fue invitado por la Radio Italiana, donde dijo que "veo ahora aquí, lo que antes nunca viera: colosal despliegue de energías morales y materiales, infatigable acción reconstructiva (...) y en lo alto una bandera gloriosa y una gran afirmación colectiva. ¡La Nueva Italia! (...) En el centro de este formidable movimiento anímico, cívico, patriótico y social, cual propulsor de la obra inmensa, la figura extraordinaria de Benito Mussolini, que llena la época contemporánea".

Volviendo a la "Marcha sobre Montevideo" la idea era iniciada en una prédica para hacerla en forma pacífica: "vengan en silencio, con los brazos inertes, no habrá sangre, expresaba el diario "La Tribuna Popular". Pero en febrero de 1933 el planteo era más agresivo: "¡Marchar sobre Montevideo!... Montevideo sibarita y materializada, residencia oficial del colegiado, nido de los políticos rapaces que venden leyes por empleos. Montevideo, egoísta y sensual... ¡Sí, marcha sobre Montevideo, con armas o sin ellas..!" se leía en un artículo del diario herrerista "El Debate".

El quiebre institucional para "salvar al país"

Gabriel Terra y su Jefe de Policia de Montevideo (cuñado y sucesor) Alfredo Baldomir Otros hechos sucedían en marzo de 1933 que también prepararon el camino hacia el golpe. El presidente Terra, en mensaje a la Asamblea General advertía que estaban por llegar los días de mayor crudeza de la crisis económica. La desocupación había llegado a niveles altísimos, el estado estaba atrasado en el pago de las pensiones a la vejez, y la Intendencia de Montevideo debía los salarios de diciembre. La falta de moneda extranjera impedía a muchas empresa importar materia prima para industrializar y las compañías importadoras de derivados del petróleo hacían un boicot que casi paralizaba al país.

El diputado socialista Líber Troitiño, analizando el empeoramiento de la crisis, advertía que los sectores poderosos estaban apoyando en todo el mundo los gobiernos de fuerza para someter e los trabajadores y hacerles pagar la crisis: "...estos poderosos que aceptaban la democracia, que aceptaban cualquier sistema político cuando ganaban el 30 o 40% en sus negocios, ahora lo rechazan porque no pueden ganar más que el 4 o 5%".

La "marcha sobre Montevideo" se fijó para el día 8 de abril. Para organizarla se conformó una comisión donde se encontraban los dirigentes de los grupos de presión empresarial, políticos de reconocida militancia antireformista y hasta militares retirados. Aparecían apellidos vinculados a las familias más acomodadas: Romay, Ortiz de Taranco, Butler, Peirano, Bordaberry, Santayana, entre otros. A través de conferencias dadas en Radio Montecarlo (propiedad de los Romay) se fue preparando la marcha.

El día 29 de marzo el Ministerio del Interior realizó un comunicado anunciado que se tomarían enérgicas medidas para que la marcha del día 8 se realizara con normalidad. En esos días se rumoreaba que los sectores colegialistas harían todo lo posible para sabotear la marcha; esos rumores daban pie al gobierno para tomar esas medidas. Al día siguiente, 30 de marzo, en "El Día" se publicó un manifiesto firmado por las figuras más importantes del batllismo neto. En él se expresaba que: "Todas las fuerzas oscuras de la reacción y el despotismo se coaligan para destruir la obra de paz, de libertad y de justicia que hemos realizado al precio de tanto esfuerzo, de tanta sangre y de tanto dolor."

La respuesta de Terra no se hizo esperar: En la tarde del 31 de marzo el presidente Terra dirigió un mensaje a la Asamblea General comunicando una serie de medidas extraordinarias que se tomaban para evitar desórdenes:

  • Censura previa de la prensa que atribuya propósitos dictatoriales al gobierno.
  • Intervención de las cárceles para evitar la fuga de delincuentes ante el rumor que circulaba decía que los colegialistas soltarían a los presos para crear un clima de inestabilidad el día de la marcha.
  • Intervención policial de UTE y las aguas corrientes para asegurar los servicios telefónicos, telegráficos, el suministro de energía eléctrica y agua.
Ese mismo día Terra se instaló en el Cuartel de Bomberos con una importante fuerza policial. Mientras tanto la Asamblea General, en la madrugada del día 31, rechazó las medidas tomadas por el presidente y exigió que las levantara. Votaron esta resolución los representantes batllistas netos, nacionalistas independientes, cívicos, comunistas y socialistas. Apoyaron las medidas de Terra terristas, riveristas y herreristas.

Terra fue por más. Mantuvo las medidas y además resolvió:
  • Disolver al Consejo de Administración Nacional
  • Disolver a la Asamblea General
  • Encarcelar a los dirigentes políticos opositores
  • Formar una Junta de Gobierno integrada por representantes de los sectores políticos que lo apoyaban. Esta Junta de Gobierno asesoraría al presidente y formaría una lista de nombres para formar una Asamblea Deliberante que reformaría la Constitución
El golpe había sido dado...

En el plano político apoyaron el golpe de Terra sus allegados provenientes del batillismo, los grupos colorados antibatllistas (riveristas, sosistas y vieristas), y el herrerismo que era la mayoría del partido Nacional. Estuvieron en contra los batllistas netos, los nacionalistas independientes, el Partido Socialista y el Comunista.

El golpe fue dado con apoyo de la policía y de los bomberos; no hay participación militar, aunque resulta obvio que sus mandos debieron ser consultados por Terra antes de embarcarse en un golpe de estado, asegurándose al menos la neutralidad de los mismos. La mayoría de los oficiales eran colorados riveristas, por lo que debemos suponer que veían con buenos ojos el desplazamiento del batllismo del poder.

Mazmorras de la Isla de Flores Las medidas de quienes se oponían al golpe de estado fueron escasas y carentes de eficacia. La prensa se vio maniatada por la censura previa, muchos dirigentes fueron detenidos, y encarcelados (varios de ellos usando las viejas instalaciones de reclusión de esclavos en Isla de Flores) o salieron del país, los sectores políticos contrarios al golpe estaban divididos y lo mismo sucedía con los sindicatos. No había un plan sólido y coherente para enfrentar al golpe y Terra se impuso tan sólo con el apoyo de la policía. La Universidad fue un centro de agitación antigolpista pero su incidencia era reducida y tan sólo se evidenció en el paro estudiantil decidido por la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay.

A esto hay que agregar la apatía popular que se debía a la indiferencia y cansancio de la actividad política, preocupación por los problemas económicos cotidianos que los sectores populares no vinculaban con los sucesos políticos y el apoyo a una "salida" sin detenerse a pensar cual era esa salida. Los historiadores Caetano y Jacob señalan que también influyó en la apatía la “preparación del golpe” a través de la prensa, lo que hizo que se tomara como algo normal y lógico:“Se quería -y de allí buena parte de la campaña periodística previa -que el golpe de Estado apareciera como un fenómeno que había madurado tanto, que al producirse finalmente, no podía provocar mayor impacto en la opinión pública”.

La prensa adicta al régimen (que no tenía censuras para atacar a los sectores desplazados del gobierno) se encargó de resaltar el lleno total del auditorio del Sodre o la gran concurrencia que el día 2 de abril tuvo un partido entre Peñarol y Flamengo en el Estadio Centenario.

El expresidente Baltasar Brum en las puertas de su casa, antes de suicidarse Todo parecía normal. Sin embargo dos hechos de sangre empañaron la "normalidad" que querían los golpistas: la muerte del diputado Julio Cesar Grauert y el suicidio del expresidente Baltasar Brum: Grauert se tiroteó con la policía, fue herido y detenido. Al no recibir atención médica murió.

Brum esperó siete horas en la puerta de su casa con un revólver en cada mano y rodeado de familiares y amigos también armados, a que el ejército saliera a defender las instituciones, según algunas versiones o a que el pueblo adoptara una actitud heroica tomando en cuenta su decisión de resistir, según las de su partido. No ocurrió ni una cosa ni la otra y terminó su vida con un tiro en corazón. Pocos de los diarios brindó detalles del hecho, salvo brevísimas gacetillas. Tampoco hubo anuncios fúnebres. A su entierro no concurrió nadie del gobierno ni del cuerpo diplomático.

Y hablando de la prensa, la partidaria tuvo diferentes reacciones, de acuerdo a la posición política asumida. Los diarios opositores del 1º de abril pusieron por encima de todo su sobrevivencia, midiendo cuidadosamente sus notas y titulares. El Día publicó notas cortas y espacios en blanco observados por la censura. "El País", optó por la veda gráfica. No ofreció fotos y sí nueve espacios en blanco en su página editorial y tres más en la última. Los vespertinos "El Ideal" y "El Plata", batllista el primero y nacionalista independiente el segundo, cubrieron todo lo sucedido, en especial los últimos momentos del ex Presidente de la República Baltasar Brum, previos a su suicidio, con grandes y numerosas fotografías.

El semanario nacionalista radical Acción, fue el único que brindó opinión con una singular valentía que le valió tres meses de clausura. Traía en la portada una gran foto de Washington Beltrán cuya leyenda decía "Los jóvenes le prometemos luchar enérgicamente contra la dictadura que su optimismo creyó desterrada para siempre".

Los diarios oficialistas en cambio manifestaron su alborozo con distintos matices. Los riveristas "La Mañana" y "El Diario" y el terrista "El Pueblo", se limitaron a aplaudir pero sin estridencias.

Los nacionalistas "El Debate" y "La Tribuna Popular" demostraron mucho más entusiasmo. El diario de Herrera, que poco antes del golpe de estado había escrito la frase "revolución tres veces santa" publicó sus conclusiones en un gran título: "¡Está salvada la República!". Y el matutino del palacio Lapido editorializó en aquel estilo que le había dado justa fama: "Infiltraron en el organismo social toda la podredumbre de una inmigración aceptada sin control (creando) el partido del estómago (...) Pero una mano enérgica dio un tirón del mantel y el banquete terminó. (...) ¡Qué lamentable desbande!"

Sello postal conmemorativo del primer aniversario del golpe de estado de 1933 Hubo sin embargo en los medios periodísticos una voz por encima de las pasiones. Tanto, que ni siquiera se acordó de informar que había tenido lugar un gravísimo quiebre institucional. Fue el diario católico "El Bien Público", que el sábado 1º de abril, dedicó su página editorial a la divulgación de diversas encíclicas papales.

El apoyo político más importante que recibió el ex presidente y ahora gobernante de hecho Gabriel Terra fue de parte de la mayoría del Partido Nacional. En esos días, el diario "El Debate" publicó una carta enviada desde Río de Janeiro por el doctor Luis Alberto de Herrera al dirigente Aniceto Patrón en la que le aconsejaba: "¡Qué gran suceso acaban ustedes de presenciar! Es consolador lo que estamos viendo: realizado el ensueño de liberación nacional que ardía en el pecho de los buenos ciudadanos (...) Es el comienzo de un nuevo tiempo. Los primeros pasos no puede ser más acertados (...) Rodeen al presidente, apóyenlo (...) Lo esencial es poner la patria por encima de los partidos (...) Consumada la crisis, yo no hago falta ahí".

A la adhesión de los partidos políticos que siempre lo habían alentado en sus propósitos (el herrerismo, el riverismo, el sosismo, el vierismo) Terra logró sumar la de tres ex presidentes, Claudio Williman, José Serrato y Juan Campisteguy e incluso -inesperadamente- la de Federico Fleurquin, el candidato de sus rivales del batllismo neto que le había disputado el cargo. Además tuvo a su lado a la masonería, a la cual pertenecía con un grado de jerarquía. Contó por otro lado con la simpatía de diversos estratos de la actividad nacional.

El Comité Nacional de Vigilancia Económica, le comunicó su apoyo. También la Federación Rural, los gerentes de banco y los corredores de bolsa le expresaron su aplauso por las medidas tomadas. Y el nuevo embajador inglés Eugen Millington Drake informó a su gobierno que el nuevo régimen encarrilaba las cosas a entera satisfacción: "Un cambio en el Gobierno era claramente conveniente y deseado (...) Una nueva era está por comenzar".